miércoles, 30 de septiembre de 2020

Un mes sin oposición

Llevamos un mes entrenando con un alevin masculino, sin oposición y con mascarilla. 

Cada generación es diferente y cada grupo también. 

No sé cuánto habrá condicionado el hecho de no tener oposición en los ejercicios, pero la primera observación es que los chavales tienen un mayor nivel de ATENCIÓN a los detalles. Y durante todo el entrenamiento, lo que significa que están mostrando una mayor facilidad para estar concentrados (concentración= atención prolongada). 

Son capaces más rápidamente de entender las dinámicas de los ejercicios, especialmente en las evoluciones que introducimos (van acumulando tareas en la misma dinámica) que lo hacen más complicado: la mano con la que tienen que pasar, la arrancada que pedimos, los apoyos, los cortes sin balón, etc. Incluso el juego 3c0 que hemos propuesto alguna vez lo han "pillado" mucho más rápido que equipos de otros años (línea agresiva-fácil, puertas atrás, etc.).  

¿Influirá el no tener oposición? Si fuera así será porque no tienen este factor más de atención (y con bastante peso específico) y pueden dirigir su mirada y su pensamiento con mayor precisión a otros aspectos. 

El no tener oposición hace irreal el juego, ya que es la esencia de la toma de decisiones. Pero la pregunta que me ronda es si no sería bueno que en las 2-3 primeras semanas de cada temporada se trabajara sin oposición con el propósito de asentar con mayor consistencia la capacidad de atención. 

Los entrenadores viendo esta tendencia hemos fomentado, recalcado y alabado a los jugadores lo bien que lo están haciendo en esta área de la atención. 

viernes, 28 de agosto de 2020

El entrenador de cantera y la profesionalización

Empiezo con una suposición: "entreno a un equipo en mi barrio, ciudad o pueblo. Aproximadamente el club tiene entre 15-25 equipos. Nadie es profesional. Pero algunos compañeros entrenan dos equipos y hacen otras labores". Hay muchos clubes de este tipo. 

Este año 2020, hay dudas sobre la competición. 


No voy a hablar ahora de lo beneficioso que es la actividad física para que nuestro sistema inmune esté equilibrado y pueda afrontar con ciertas garantías de éxito una infección de un virus como el COVID19. 


Voy a reflexionar sobre la figura del entrenador de cantera en clubes de estilo similar al mío. Sobre la dificultad o no de que pudieran ser profesionales. 

 

En primer lugar, solo conozco un club donde hacen contrato (no significa que no haya más). La nómina mensual es de unos 180 euros netos. Cuando pasó lo de marzo y el coronavirus, a los entrenadores les hicieron un ERTE y posteriormente finalizaron el contrato. Todos han cobrado su finiquito. Pero esto no es habitual. 


¿Por qué? No soy persona de leyes pero me imagino que será porque el club tendría que pagar una cantidad de dinero al Estado por cada contrato. Si mi salario como entrenador es de 250 euros al mes y no hay contrato, al club le cuesto 250 euros al mes. Si hay contrato, le cuesto más. ¿De dónde sacaría el club ese dinero si quiere que el entrenador le cueste lo mismo? De subir la cuota o de bajar los salarios.

 

La pregunta siempre ha tenido respuesta. Pero ha respondido el interlocutor equivocado: los miembros de la junta directiva de los clubes. "Es que los padres no  pagarían una cuota más alta"….¿Alguien le ha preguntado a los padres? Probablemente no. Son los que tendrían que dar la respuesta. ¿Es subir la cuota el único medio?


Una empresa es alguien que tiene algo que a otra persona le interesa y que está dispuesto a pagar una cantidad de dinero con la que el empresario está de acuerdo. 

¿Cuál es la empresa aquí? El club de baloncesto. 

¿Qué tiene? Entrenadores que enseñan baloncesto a los niños. Y deberían enseñar más cosas. Aportar valor. Que lo hacemos la mayoría. 

¿Cuánto estaría dispuesto a pagar un padre? Me imagino que iría en función de lo beneficioso que fuera para su hijo esa actividad. 

Si por ejemplo, yéndome a un caso extremo, le aseguraran que iba a sacar buenas notas gracias al baloncesto (mínimo media de 7.5), que el sistema inmune iba a ser robusto y equilibrado frente a los virus y que el chico desarrollará habilidades sociales y personales útiles para su formación personal…, quizás los padres se pensarían hacer ese gasto. 

¿De cuánto sería? Pregunta sin resolver. 


Ahora, en septiembre del 2020 nos enfrentamos a que los clubes no saben si van a poder desarrollar su actividad: ofrecer actividad de baloncesto (entrenar + competición). ¿El motivo? O que no pueden cumplir con las condiciones sanitarias exigidas o porque no haya competición.

 

Pensando en la situación actual he llegado a la conclusión de que a la mayoría de los clubes y a los entrenadores no les debería pasar nada si no se ofreciera la actividad. Simplemente no pueden desarrollar su afición. Deben seguir trabajando en lo que les genera ingresos para vivir, donde verdaderamente son profesionales: profesores, comerciales, cajeros, funcionarios, ingenieras, etc. Tampoco les debería pasar nada a los directivos. Parón y ya veremos, pero todos seguirían trabajando y ganando dinero de lo suyo. En lo que son profesionales, pues en el deporte no lo son. El baloncesto es una actividad complementaria. 


El verdadero problema es para los padres. Sus hijos no pueden practicar el deporte del baloncesto. Y no se pueden beneficiar de todo lo que aporta esa actividad. 


¿Dónde quiero llegar a parar? A la situación laboral de los entrenadores. Casi todos aceptamos las reglas del juego. Y los directivos de los clubes no se mojan por quienes son su verdadero tesoro, los que hacen que aporte valor la empresa (el club): los entrenadores.


Se necesita gente valiente para dirigir clubes y cambiar esta dinámica. El entrenador de baloncesto de cantera aporta mucho valor a la sociedad y debería estar siempre contratado.


Se necesitan personas que verdaderamente apuesten por los beneficios transversales y directos que aporta el deporte. Tipos lanzados que digan: yo te hago contrato y a los padres les cobro tanto. Esto es una empresa y aportamos mucho valor a la sociedad. Y eso hay que pagarlo. 


Hay mil fórmulas: contratos a media jornada, algún porcentaje de los entrenadores a completa.  Hay que tener además de coraje, creatividad e imaginación (tecnificaciones, campus, intercambios, financiaciones privadas, subvenciones, etc.). Y lanzarse. 


Pero tengo la sensación de que también hay entrenadores que no tienen ningún problema en no estar contratados, sino todo lo contrario, en cobrar dinero no fiscalizado. Es decir, lo que habitualmente hablamos en negro. “No, mejor no me hagas contrato”. ¿El enemigo en casa?

 

El reconocimiento no se hace con tuits o cenas a fin de temporada. Se hace jugándose la piel por tus trabajadores. Eso es liderazgo. Y además con tuits y cenas de fin de temporada. 


¿Hay líderes? Seguro que por algún sitio sí. Los anónimos que quieren y hacen las cosas bien sin mucho ruido. 


El cambio no empieza por las federaciones o el CSD o el gobierno local o autonómico. El cambio empieza más abajo. También los organismos públicos tienen que apoyar, pero no son el principal inconveniente para profesionalizar la cantera. Somos nosotros mismos: entrenadores y directivos, principalmente.


¿Es fácil? Seguro que no. El camino estará lleno de baches y obstáculos. 


¿Quién quiere empezar? Probablemente solo los locos y los valientes. 


Leía hace poco en un periódico deportivo una frase de la filósofa Angela Davis que  es apropiada para este tema:


”No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar. Cambio las cosas que no puedo aceptar.” 


lunes, 27 de julio de 2020

Alevines: ¿Fundamentos o comprensión del juego?

¿Lo global o lo analítico? ¿Fundamentos o comprensión del juego?

¿Aprender a entender el juego o aprender fundamentos (individuales y colectivos)?

Hablaba por Twitter que el año que viene entrenaré a alevines y que el objetivo principal es que entiendan el juego. A partir de ahí han surgido comentarios interesantes sobre si tiene más peso el trabajo específico de fundamentos o el global. Como me es difícil aportar desde 280 caracteres, me explayo un poco más a través de esta entrada. 

¿Entrenaremos fundamentos? Seguro que sí: pivotes, arrancadas, apoyos, la mirada, la comunicación, el pase, el tiro en sus múltiples variantes, el equilibrio, la coordinación, el bote útil, etc. O en defensa: parar el balón, los centros de gravedad, saber usar todo el cuerpo, referencias, manos, apoyos, generar contactos, etc. 

Y eso lo vamos a entrenar en todos los entrenamientos. No hay duda. 

Pero todo lo que se entrena tendrá una transferencia siempre al juego colectivo. El jugador utilizará todo lo que aprenda para ponerlo en práctica en el juego. Será el resultado de una decisión tomada. Y esa decisión está apoyada en esos fundamentos y en la comprensión del juego. Todo fundamento tiene una transferencia para comprender la complejidad del juego. No se enseñan pivotes, sino que se enseñan pivotes para...

Los espacios, los cortes, las trayectorias, las situaciones interiores, las exteriores, reemplazos, líneas de pase fácil o agresiva, etc., se integraran con los fundamentos individuales. 

Pero el jugador tiene que comprender el juego: los ritmos, los espacios, la verticalidad, el "timing", las reacciones defensivas a mis movimientos ofensivos, que el 1c1 se gana de poco y caduca, las normas que nos limitan o podemos usarlas en beneficio nuestro, etc. 

Comprender el juego que juega y donde no está presente el entrenador, sino sus compañeros, los rivales, unos espacios, un balón, unas normas y un juez que evalúa su cumplimiento. 

¿Cuáles son nuestros objetivos en el equipo?

Cuatro son nuestros objetivos transversales:
  • Aprender a entrenar
  • Aprender a tomar decisiones
  • Aprender a ejecutar eficazmente
  • Entrenar el buen carácter del deportista
Además nos regiremos por unos principios que serán las directrices de nuestra conducta:
  • El juego supeditado al desarrollo del jugador. Es decir, los planteamientos colectivos (el conocimiento del juego) favorecerán la puesta en práctica de los fundamentos y conceptos trabajados. 
  • Se evalúa lo merecido y no lo conseguido. Ganar no es un objetivo sino una consecuencia. 
  • Entrenar con intención. El jugador tiene que saber para qué se está trabajando un fundamento (volvemos al conocimiento del juego).
  • No dejar jugadores en el camino. 
  • El rival como compañero de viaje. 
  • Cómodos en la incomodidad. Estar en permanente aprendizaje. Asentar y asimilar pero seguir aprendiendo. 

TODO está orientado a que el jugador comprenda el juego. 

jueves, 23 de julio de 2020

Entrenar con alevines

El desarrollo de una persona desde que nace hasta los 22 años lo divido en tres etapas donde los padres en cada una de ellas tienen un objetivo general principal. Si añadimos al proceso el entorno deportivo se incluiría una cuarta etapa:

  • Primera etapa: 0-12 años. Objetivo: AUTONOMÍA. 
  • Segunda etapa: 12-16 años. Objetivo: LIBERTAD RESPONSABLE. 
  • Tercera etapa: 16-22 años. Objetivo: INTERDEPENDENCIA. 
  • Cuarta etapa: 22 años hasta retirada. 

El proceso deportivo de un jugador se refleja en la siguiente imagen:


En cada una de estas etapas, el jugador está influenciado por diferentes actores que aparecen y desaparecen ejerciendo un impacto de diferentes intensidades. El entorno afecta sobresalientemente en el desarrollo del deportista. 

Luego, para el entrenador el entorno es un factor a considerar. No está bajo su control, pero impacta. 

El jugador tiene que desarrollar una serie de rasgos de la personalidad que le ayuden a llegar al máximo de lo que pueda llegar a ser. Y nuestra labor de entrenador es ayudarle a conseguir ese reto. Se trata de modelar y no moldear (no hacer jugadores según el molde mío). Es regar, podar, nutrir y airear el árbol para que crezca, no sacar árboles iguales uno tras otro. Los rasgos ayudarán a construir un árbol sano y fuerte. 

Los rasgos a inculcar se dividen en tres niveles:

1. Nivel personal:
  • Humildad 
  • Respeto 
  • Capacidad de sufrir
  • Atención en tres niveles: horizonte, roles y pasos del camino
2. El proceso:
  • Reflexivo
  • Paciente
  • Perseverante
  • Autoexigente
3. El momento:
  • Atrevido
  • Sereno
  • Intuitivo
  • Curioso

Es habitual que el entorno que rodea a un jugador en edad alevín sea su familia, padres y colegio. Luego el entrenador (club). 

El primer paso para construir una casa sólida y duradera son los cimientos. Y es al principio de la construcción cuando se deben establecer ( no empezar a construir la casa por el tejado). 

Para poder poner las bases se necesita que todos los adultos que rodean al niño estén de acuerdo en la línea a seguir. De ese modo, toda la dotación del barco (el jugador) trabajará para ir al mismo rumbo. Imaginaros un barco romano donde los que gobiernan las velas creen que hay que ir hacia el norte y los remeros piensan que la proa debe apuntar al sur. El barco no irá a ninguno de los dos sitios. Navegará errático o con suerte llegará a su destino. 

Entonces considero clave y fundamental que club y padres se pongan de acuerdo. Dos son las herramientas que tienen a su disposición: EL EJEMPLO Y LA COMUNICACIÓN. 

El entrenador tiene que ser un ejemplo de esos rasgos que pretendemos inculcar. Y los padres también. 

Y la comunicación entre entrenadores y padres debería ser una parte más del entrenamiento. No es exclusivamente lo que sucede en la cancha lo que va a permitir al jugador estar en situación de llegar a su máxima expresión y crecer sano y robusto, sino que la ALINEACIÓN entre padres y club en la etapa alevin  es vital para construir los cimientos de una casa sólida y duradera. En la metáfora del árbol diríamos que son las raíces. 

Las charlas con los padres para explicarles el rumbo y cómo se quiere alcanzar son muy importantes. Deben estar planificadas al igual que lo están los entrenamientos. Entenderán cómo nos comportamos los entrenadores, cómo hablamos a sus hijos, las dinámicas de entrenamientos y partidos, etc. Y nosotros conoceremos mejor al jugador, a través tanto de nuestra observación como de la información proporcionada por sus padres. 


lunes, 1 de junio de 2020

El impacto del entrenador en el desarrollo de la valentía de la jugadora

Nuestro gran enemigo es el miedo a equivocarse. 

Pero…¿quién tiene miedo? ¿La jugadora?¿El entrenador? 

La jugadora es la que juega.  El juego es “Hacer algo con alegría con el fin de entretenerse, divertirse o desarrollar determinadas capacidades”. Hacer cosas con alegría para desarrollar determinadas capacidades. ¿No es absolutamente humano que en ese proceso nos equivoquemos? Entonces, ¿por qué tenerle miedo a algo tan nuestro y natural como la equivocación? 

Pienso en el inicio. El primer momento donde una niña actúa por primera vez con el deporte. Sin la presencia del entrenador. ¿Qué haría una niña con diez años que por primera vez le dejas sola con un balón y una canasta? ¿Cómo actuaría? Probablemente haga dos cosas de manera continuada, botar y tirar a canasta. ¿Metería todas las que tira?¿Agarraría de nuevo el balón cada vez que botara? Seguro que no. 
¿Y cómo le afectarían esos resultados, el no meter canasta o que se le escape el balón? Muy probablemente buscaría soluciones para llegar con más fuerza o tener más puntería, en el caso del tiro, y modificaría manos, brazos en el caso del bote. Y todo esto sin la intervención del adulto-entrenador que tiene conocimientos para transmitirlos y solucionarle el problema. Pero no, ella se los soluciona sola. Jugando. Probando. Y sin que el fallo o el error le condicione. 

¿Y si ahora metemos a otra niña en la ecuación? ¿Qué harán? Probablemente, ponerse de acuerdo en algo. Y ahí aparecerá el pase. Pues sólo tienen un balón. Seguirán jugando. Probando. Y seguro que al cabo de media hora el nivel de pericia de ambas será diferente. Pero, ¿les habrá condicionado el fallo suyo o el de su compañera? Casi estoy convencido de que no. Posiblemente, cuando a una se le ocurra una manera de solucionar el problema (después de varios intentos fallidos), la otra lo copie. 

Entonces, ¿Quién tiene el problema con el error o el fallo o el resultado no exitoso? El entrenador. Somos nosotros los que tenemos que aprender, no tanto a identificar y corregir el fallo o el error, sino aprender a enseñar la gestión de las consecuencias de las acciones de las deportistas. 

Fomentar la valentía conlleva construir sobre la gestión del riesgo. No todo vale, evidentemente. Pero en los deportes colectivos se tiene que construir un código común sobre qué hacer con las decisiones arriesgadas. Con las actitudes con un punto de locura que pueden llevar a dejar al descubierto al equipo. Esta es la verdadera tarea del entrenador, y no tanto el corregir  con nuestra retroalimentación a la jugadora (limitando su creatividad en la mayoría de las veces). 

Valentía, determinación, arrojo, decisión o riesgo se convierten en sinónimos en este contexto. Todo esto ya lo llevan de serie Y quizás simplemente los entrenadores deberíamos dejar en paz a las chicas. Y sólo deberíamos orientarlas (a ella y a todo el equipo) a gestionar las consecuencias.