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lunes, 25 de marzo de 2019

Las órdenes del entrenador en los partidos

Las órdenes en los partidos suelen ser ruido ambiente y la mayoría son referidas al pasado. Y probablemente sean órdenes centradas exclusivamente en el balón, pues mientras se juega, no solo pasa una cosa en un momento, pasan muchas. 

Hablo del entrenador que se pasa el partido ordenando constantemente a los jugadores lo que tienen que hacer. Lo que mi hija mayor, joven entrenadora, denominó en su día “entrenadores Jedis”, que creen que con el poder de su voz y su mente pueden hacer uso de los cuerpos de sus jugadores y moverlos a su antojo. 

Las órdenes suelen generar muchas cosas, y pocas de ellas buenas. 

1. Ruido. El entrenador que está constantemente retrasmitiendo el partido o diciendo lo qué tienen que hacer sus jugadores, genera mucho ruido.

Los jugadores están en la pista tomando decisiones en función de lo que ven. No son capaces de prestar atención a todo lo que sucede en el campo y al mismo tiempo a las órdenes que reciben desde el banquillo. Por lo tanto, el 80% de lo que dicen esos entrenadores es RUIDO ambiente. 

2. Pasado. Misma reflexión que antes. El jugador, e insistiré en este punto, está tomando decisiones. Hay un punto de no retorno donde el deportista ha decidido y no es capaz de cambiar la decisión. Su cuerpo ejecuta. No hay marcha atrás. En general, el entrenador que ordena permanentemente también pasa por ese proceso de percepción, decisión y en este caso, comunicación. Y cuando decide gritar a su deportista, la acción ya ha pasado. 
Si le dice lo que "tenía que haber hecho", es igual de perjudicial. El chaval está a otra acción, probablemente de carácter opuesto a la que su entrenador le habla (si le habla de ataque, estará defendiendo, y viceversa), lo que conduce al  jugador a la confusión, ya que le están hablando de algo que ya pasó y no tiene relación con su presente. 

3. El balón. Suelen ser órdenes de acciones referidas al balón, tanto ofensivas como defensivas. Eso significa que el entrenador está dejando de prestar atención a otras muchas facetas del juego igual de importantes, ya que solo se centra en el balón. 

4. Pérdia de atención. Al estar pendiente de todo lo que sucede en la cancha, y como decíamos antes, suceden demasiadas cosas, dejan de prestar atención a sus cometidos como entrenador. Dejará de ver lo que tiene que ver para poder ayudar a sus jugadores a ganar el partido, o al menos, a ponerlo en situación de poder competir por la victoria. 

Las órdenes no tienen porque ser malas siempre. Hay ocasiones en las que la instrucción directa es la mejor solución. Otras, también, pero acompañada de una explicación o argumento. 

El entrenador debe pensar si lo que quiere hacer con su voz es alentar a sus jugadores, corregir, reforzar una conducta, orientar al deportista, hacerle reflexionar o prefiere dar la información directa y en forma de orden. Cualquier opción es válida, dependerá del contexto o de la persona, entre otras cosas.  

Y por supuesto, si la decisión es una orden, que se de cuando la acción del juego está parada, ya que sino, confundiremos al jugador. 


La voz del entrenador es un recurso. Aprende a utilizarlo. 

domingo, 29 de julio de 2018

Reparto de minutos en canasta grande y mejora de la jugadora

En categoría mini y en infantil en baloncesto en España tenemos unas normas específicas de tiempo en pista de jugadoras. El fin último es que todas tengan participación y se utilice ese tiempo para mejorar a la deportista. 

¿Pero cómo se comporta el entrenador a partir de que no hay normas que restrinjan los minutos? ¿Qué estructuras utilizará en los partidos? 
Habitualmente lo que genera esta situación es un desequilibrio brutal en minutos en pista entre las jugadoras del equipo. 

Partimos de la idea de que, obviamente, todos disponen de los mismos minutos de entrenamiento durante la semana, y que nuestras decisiones afectan a los tiempos en partido. Idea importante que transmite la posibilidad de que los crecimientos de las jugadoras se vean afectados, en parte, por las decisiones del entrenador en los partidos. 

A continuación os expongo una manera de repartir los minutos de partido, a través de dos simples principios, que agrupa, desde mi punto de vista, los siguientes beneficios:

  • La jugadora siempre tiene  un mínimo de minutos en los partido.
  • Fomenta la cooperación y el sentimiento de equipo. 
  • Fomenta la competitividad, pues se busca ganar el partido.  
  • Invita a la jugadora a poner su talento al servicio del equipo, de manera que si cada jugadora hace mejorar al equipo, el equipo crecerá, y será provechoso para su mejora personal.
  • Todas las jugadoras se sentirán partícipes de la victoria o la derrota.
  • Crecimiento de las jugadoras a través del desarrollo de la compañera. 

Principio nº1: La jugadora en el banquillo no mejora.

Principio nº2: La posibilidad de que el equipo esté en posición de ganar un partido debe ser construida por todas las jugadoras.

Estos dos principios son directrices para mi conducta en los partidos. 

A partir de ellos, la consecuencia coherentes para mi fue dividir el partido en dos partes, desde el inicio hasta el minuto 32 y del 32 al final, el 40. Un partido de 32 minutos y otro de 8. 

Un partido normal son 200 minutos. Cuatro periodos de 10 y 5 jugadoras en pista. 40 minutos en total, multiplicados por 5 jugadoras: 200 minutos. 

De este modo, mi primer partido tiene 160 minutos. Divididos entre 12 jugadoras que tengo dan un resultado de 13,3 minutos. 13 minutos y medio. Esto significa que todas las jugadoras tienen que jugar, como mínimo, 13 minutos y medio.

¿Y los 8 restantes hasta el final del partido? En teoría, las cinco mejores jugadoras de ese día. O una combinación de las 7-8 mejores jugadoras. 

Siendo muy rígido con la idea: 7 jugadoras jugarían 13 minutos y 5, 21 minutos. 
Jugaríamos con el arco de tiempos en pista de 13-21 minutos. 

El siguiente cuadro comparo mi reparto ideal siguiendo este concepto, y otros repartos. He cogido cinco partidos de un par de selecciones españolas de categoría inferior durante este verano. 

En cada partido he anotado el número de jugadores que han jugado una cantidad de minutos en el marge correspondiente. En la primera columna, mi ideal, y en las otras cinco, lo que sucedió en cada partido:

Margen de minutosIdealP1P2P3P4P5
Entre 0 y 5 minutos
-
2
3
3
2
3
Entre 5 y 10 minutos
-
1
-
1
1
3
Entre 10 y 15 minutos
7
2
3
1
-
-
Entre 15 y 20 minutos
-
1
-
1
3
-
Más de 20 minutos
5
6
6
6
5
6


Como véis se da un desequilibrio por dos razones:

- Aunque el número de jugadoras que juegan  más de 20 minutos es similar (5-6), lo que difiere es que, en la estructura ideal, se irían a 21 minutos, y en los partidos muchas  de esas 5 jugadoras pasan de 25. 

- Si vamos a la parte de la tabla de menos minutos, el mínimo son 3 y el máximo 6, de jugadoras que no juegan más de 10 minutos. Poco tiempo para su desarrollo. Además, muchas veces son entre 2 y 3 minutos o 5-6 minutos. 

Estas estructuras son habituales en los partidos de cantera. Y no nos damos cuenta que nos estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado (si lo que queremos es la mejora de nuestra jugadora, en consecuencia mejorar al equipo para estar en condiciones de poder competir), pues:

- Por un lado, impedimos el desarrollo de un elevado número de jugadoras (entre 3 y 6), al dejarlas demasiado tiempo en el banquillo. 

- Por otro estás favoreciendo el desequilibrio en tu equipo entre las "buenas" y las "malas", y eso, inevitablemente, a lo largo de varias temporadas, te lleva a la derrota y el fracaso. 

- Se quemas a las jugadoras que juegan más. 

- Se está utilizando la metodología de "que suban unas hundiendo a otras". 

En la idea que expongo, también podríamos hablar de la calidad de los minutos: 

- Que los finales ajustados también los jueguen distintas jugadoras, para que acumulen experiencias de ese estilo. Variar los quintetos finales. 

- Anotar el número de tiros, veces que se va al rebote ofensivo, u otra estadística que indicara el porcentaje de participación en el juego de una jugadora (pues puede salir 13 minutos y sólamente estar "pululando" por la pista), con la idea de aumentar la implicación de todas, tanto en ataque, defensa, con o sin balón. 

Como resumen, trato de mostrar un reparto de minutos que mejore la competitividad del equipo a través de la cooperación de las jugadoras, importando el resultado del partido y el desarrollo de la deportista. 



domingo, 4 de febrero de 2018

Las órdenes de los entrenadores en partido. Matices.

Las órdenes en los partidos suelen ser ruido ambiente. 

La mayoría son pasado. 

Y probablemente sean órdenes centradas exclusivamente en el balón. 

Hablo del entrenador que se pasa el partido gritando constantemente a los jugadores lo que tienen que hacer. 

1. Ruido. El entrenador que está constantemente retrasmitiendo el partido o diciendo lo qué tienen que hacer sus jugadores, genera mucho ruido.
Los jugadores están en la pista tomando decisiones en función de lo que ven. No son capaces de prestar atención a todo lo que sucede en el campo y al mismo tiempo a las órdenes que reciben desde el banquillo. Por lo tanto, el 80% de lo que dicen esos entrenadores es RUIDO ambiente. 

2. Pasado. Misma reflexión que antes. El jugador, e insistiré en este punto, está tomando decisiones. Hay un punto de no retorno donde el deportista ha decidido y no es capaz de cambiar la decisión. Su cuerpo ejecuta. No hay marcha atrás. En general, el entrenador que ordena permanentemente también pasa por ese proceso de percepción, decisión y en este caso, comunicación. Y cuando decide gritar a su deportista, la acción ya ha pasado. 

Si le dice lo que "tenía que haber hecho", es igual de perjudicial. El chaval está a otra acción, probablemente de carácter opuesto a la que su entrenador le habla (si le habla de ataque, estará defendiendo, y viceversa), lo que conduce al  jugador a la confusión, ya que le están hablando de algo que ya pasó y no tiene relación con su presente. 

3. El balón. Suelen ser órdenes de acciones referidas al balón, tanto ofensivas como defensivas. Eso significa que el entrenador está dejando de prestar atención a otras muchas facetas del juego igual de importantes, ya que solo se centra en el balón. 

Una de las tareas del entrenador será entender cuál es su idea de juego, su plan de partido, y observar si sus deportistas lo están poniendo en práctica en la pista. 

Otra tarea será entender cuándo y cómo transmitir aquello que quiere decir. Debe pensar si en forma de pregunta, de orden directa, indivual o colectivamente. 

Además debe pensar si lo que quiere hacer es alentar a sus jugadores, corregir, reforzar una conducta, orientar al deportista, hacerle reflexionar o prefiere dar la información directa y en forma de orden. Cualquier opción es válida, dependerá del contexto o de la persona, entre otras cosas.  

Por poner un ejemplo:
Situación: un chaval está obsesionado por meter un triple.
Posible comunicación del entrenador. Al termino de un periodo le comenta:
" Tienes una cara que dice:"quiero meter un triple". Aprovéchate de eso. Como  tu defensor ya está convencido de que vas a tirar, aprovecha para penetrar, penetrar y pasar, fintar y tirar tras bote, e incluso tirar ese tiro. Tu decides, lee lo que sucede en la pista, pero no te limites a una sola opción, que actualmente es la de tirar ese triple."

sábado, 14 de octubre de 2017

Mejorar la circulación del balón. Tres claves.

Más de una vez llegamos a la conclusión de que el problema del equipo es la circulación del balón. Tiempos muertos en los que decimos: "chicas, tenemos que mover más y mejor la pelota". La realidad es que son palabras huecas, donde no damos ninguna pauta concreta para mejorar el problema de la circulación de balón. 

Tres aspectos donde nos podemos centrar para mejorar la circulación del balón perimetralmente:

1. El espacio. La referencia de unos cuatro metros entre compañeras es un buen mensaje. También el situarse en un lugar donde la jugadora con balón te pueda ver es otro. 

2. Jugar contra la defensora. Es habitual ver como las jugadoras trabajan para recibir mirando el balón, tanto con los ojos como con su cuerpo. Pero la ventaja se obtiene mirando a la defensora, leyendo su orientación, jugando hacia ella (me gusta llamarle "jugar contra") y abriendo, desde esa posición de estar yendo hacia ella, un espacio suficientemente amplio para generar el hueco necesario para recibir la bola. 

3. Pie de impulso. Si somos capaces de jugar contra y tener el espacio adecuado, pero luego no generar la explosividad necesaria para abrir el hueco, perderemos la posible ventaja. Enseña a tus jugadoras a "empujar el suelo" con el pie que las impulsa; serán más explosivas y abrirán sin dificultad el hueco necesario para recibir. 

Si hablamos de recibir en posiciones interiores, podríamos utilizar los dos primeros conceptos, el espacio y jugar contra la defensora. En este caso, el pie de impulso no es tan necesario. Un par de detalles más serían: trabajar perpendicularmente al plano del cuerpo de la defensora (máximo espacio entre sus brazos y los míos para poder recibir) y el juego de brazos, para ganar la posición. 

Otro tema será cómo trabajamos los pies y la orientación corporal una vez hayamos recibido la pelota, tanto en situaciones interiores como exteriores. 

Si lo trabajas en el entrenamiento, lo podrás corregir en los partidos. Hablarás de cosas concretas que ayudarán a la jugadora a centrarse, y de ese modo, mejorarás la circulación del balón, ganarás crédito ante tu equipo, mejorarás como entrenador y evitarás esas frases vacías de contenido del tipo: "tenemos que mejorar la circulación del balón". 

Si me tuviera que decantar por el movimiento de balón de un equipo....está claro: San Antonio. Aquí os dejo un vídeo fantástico de los Spurs:


domingo, 9 de julio de 2017

Metodología de partido. Dar confianza a tus jugadoras.

Él confiaba plenamente en mi. Sabía que todavía no estaba a la altura de las demás, pero me repetía que si no jugaba, nunca podría alcanzarlas. El entrenador llevaba razón. Pero me da tanta vergüenza salir y hacerlo mal. 

El rival pidió tiempo muerto. Ibamos tres abajo y Marta daba muestras de cansancio. El entrenador me miró. Quedaban seis minutos para terminar el cuarto. Patricia, por Marta. 

Dió tiempo a recuperar el aliento a las que acaban de entrar en el banquillo y lanzó una pregunta: “¿dónde creéis que nos están haciendo daño?…..”. “No estamos bajando todo lo rápido al balance defensivo y hemos regalado tres contraataques fáciles”, dijo Lucía. “Cierto chicas, Lucía lleva razón. Acordaros de que lo que hemos entrenado: el contraataque se para trabajando el rebote ofensivo y parando el balón lo más lejos de nuestro aro”. 

Sonó la bocina. Mis compañeras se levantaron y las que se quedaban en el banquillo me miraron sonriendo y dándome ánimos. Sabían que estaba histérica.  El entrenador me llamó mientras avanzaba hacia la pista y me dijo: “Vamos Patri, disfruta, verás que lo vas a hacer muy bien”. 

El primer balón que me llegó lo sorteé y cayó en manos de una rival. No supe que hacer con él. Se me paralizó el corazón. Sólo quería quitármelo de encima. 
El siguiente ataque, al recibir, pues era la mejor situada, hice pasos de salida. Mis compañeras me animaban, pero yo quería que me tragase la tierra. 

Cambio. Era para mi. Dos minutos en la pista. Dos balones perdidos, me quitaron un rebote y la mía anoto en mi cara. Desastre total. Y mi madre, aplaudiendo…..

Ahí iba yo a refugiarme en la pasividad del banquillo. Mi sitio. El entrenador me dijo que me quedara de pie, a su lado. Dió un par de indicaciones a mis compañeras en pista y me preguntó: 
- “¿Qué tal Patri, cómo te has visto?
- “Mal, muy mal”, contesté. 
- “¿Por qué mal?”, me volvió a preguntar, sin prestar atención al juego y centrándose en mi. 
- “Pues porque he hecho pasos, he dado un mal pase, en fin, un desastre”. 
- "¿Y por qué lo has hecho tan mal?"
- "Pues porque estaba histérica y no sabía que hacer con la pelota." 
- "Ok, esto no es nada diferente a un entrenamiento. Y ahí lo has hecho algunas veces bien, y otras mal. Tienes que estar atenta. Con el balón puedes hacer tres cosas, pasarla, tirar a canasta o botar. Y pasarla, habitualmente a una compañera tuya, es más recomendable”. Me hizo reír y eso me relajó bastante. Respiré. 

Y a continuación, con calma y serenidad continúo hablándome: "Cuando te llegue el balón, presta atención a tus compañeras en el lado contrario, se bloquearán, y una, previsiblemente, se quedará sola. Entonces,   se la pasas a ella. Sino, ataca con bote el aro. Eres rápida y probablemente te vayas de tu defensora. ¿Claro?. Primero atenta al lado contrario a ver que pasa y sino, ataca el aro, botando antes de lanzar el pie de pivote. Dos cosas. Confio en ti. Ya lo has hecho en los entrenamientos, así que seguro que lo haces aquí.". 

Iba a irme al banquillo cuando me dijo que pidiera cambio. Había pactado mi cambio con Silvia, para charlar conmigo y que ella volviera al banquillo. Cuando cambié, Silvia me miraba sonriente. Había estado solo un minuto y medio en pista y volvía al banquillo, solo para que yo me tranquilizara y volviera a intentarlo. Ya solo por este detalle y su sonrisa debía prestar atención al entrenador. 


En el primer ataque del equipo participé sin tocar el balón, pero en el siguiente, me llegó el balón. Me puse nerviosa, pero recordé: “primero lado contrario, y sino, atacar el aro”. Miré al lado contrario y ninguna de mis compañeras se zafó de sus defensoras así que me lancé hacia el aro con un bote duro. Me quité de encima a mi defensora por velocidad y al encontrarme sola tiré a canasta. El balón tocó el aro, pero no entró. El rebote lo cogió Ana y metió canasta para nuestro equipo. El banquillo aplaudió todo el ataque. Y el entrenador me aplaudía con una sonrisa de satisfacción por mis acciones. 

Bajé feliz a defender. 

martes, 27 de junio de 2017

El aburrimiento de presionar a toda la pista 40 minutos para ganar el partido.

Hoy he marcado un tweet interesante de la cuenta @puertatras que decía lo siguiente:


Me ha gustado su reflexión coherente, si valoramos lo que hace el rival y nosotros hacemos lo contrario, ¿por qué no se cuestiona al entrenador y su forma de gestionar al equipo?

Recuerdo hace unos meses cuando justo antes de mi partido había otro. Llegué a la cancha con el inicio del último cuarto. Categoría pre infantil. El equipo de mi club, presionando a toda la pista hasta terminar el partido. Me acerqué al acta y miré el marcador al descanso: 66-26 a favor del equipo de mi club. 

No dije nada. Al termino del partido y antes de empezar el mío, los dos entrenadores del equipo de mi club (principal y ayudante) me preguntaron: "Con el resultado que llevábamos a mitad de partido, ¿hubieras presionado a toda la pista la segunda parte del partido?"

Les respondí que mi objetivo es desarrollar el talento de los doce jugadores de mi equipo, y que si eso implica presionar a toda la pista los cuarenta minutos, lo haría. Y si no, no. 

Ellos empezaron con la retahíla de argumentos básicos y habituales: "es que si ponemos a los más flojos, no saben presionar y además no tienen la forma física suficiente"; "es que si el equipo no presiona, no podremos coger ritmo de presión y cuando lleguen partidos complicados no lo haremos"...

En fin, me parecen argumentos muy ridículos. Me aburre escuchar estos argumentos, pues en el banquillo ningún jugador progresa o mejora y si eres buen entrenador, sabrán utilizar el recurso de la presión cuando sea necesario. Creo que se preocupan de ellos, no de los jugadores. Sólo se preocupan de ganar. No son entrenadores preocupados por la formación de sus jugadores. No son formadores, son sólo entrenadores. 

Me aburren los entrenadores no formadores. Me aburre su ceguera por no aprovechar tantas posibilidades en sus manos y que se reduzcan al simple objetivo de ganar al rival. 

lunes, 6 de marzo de 2017

Yo quiero ganar

Competir, ganar, formar, salir a divertirse, salir a ganar, etc. El eterno debate. ¿Son conceptos opuestos? ¿Se complementan?

Aquí explico nuestro punto de vista y nuestra manera de afrontar el factor competitivo de un equipo de baloncesto de cantera. 

Desde aprendebaloncesto diferenciamos entre la satisfacción y la alegría y sus opuestos,  insatisfacción y tristeza o pena. 

En primer lugar buscamos estar satisfechos y si es posible combinarlo con terminar alegres, es decir, superando al rival y ganando el partido. 


Primer objetivo: Estar satisfechos. Para conseguirlo, nos apoyamos en las siguientes ideas:

Primera idea: en los partidos tenemos un plan del partido. Ese plan se alimenta de lo que entrenamos. Lo que entrenamos se alimenta de lo que planificamos. Y lo que planificamos se alimenta de unos objetivos individuales y colectivos, técnicos y tácticos, conductuales y motivacionales, competitivos y de entrenamiento, que se mantienen, fluctuan, cambian o modifican en función de las características de nuestras jugadoras y la consecución o no de los objetivos. 


El origen del plan del partido


Los objetivos definidos dicen únicamente quienes sómos o quienes queremos ser. Poco más. Es sólamente en el proceso de definición donde los objetivos adquieren protagonismo, después, quedan relegados a un segundo plano. 

Para alcanzar los objetivos pretendidos, entrenamos a través de conceptos. Y con los conceptos asimilados, trabajamos los detalles. 

Segunda idea: donde bajamos al terreno de lo tangible, de las cosas que podemos ver. De aquello que está bajo el control de la jugadora, en definitiva, hablamos de “hacer cosas”. Un ejemplo de lo “tocable” sería, tener pies activos en defensa, como ejemplo de un detalle y su concepto asociado, “nuestra defensa ataca”. Ambos aspectos pueden ser tocados-entendidos por las jugadoras y están bajo su control. 

Otros ejemplos podrían ser el chocarse las manos, el animar desde el banquillo, el gestionar la frustración, el correr hacia delante, el fijarse dónde me coloco para empezar un ataque posicional, cargar el rebote de ataque, etc. 

A partir de ahí, exigimos a las jugadoras centrarse en los detalles. Centrarse en algo es prestar atención de manera prolongada. Ya tenemos lo que está bajo el control de la jugadora, y se lo podemos exigir y corregir en función del plan establecido. 

Poner en práctica los conceptos ofensivos, defensivos, conductuales, etc.,  con su multitud de detalles, que con paciencia, tratamos de convertirlos en acciones incoscientes de las jugadoras en cada entrenamiento y en cada partido, es nuestro verdadero objetivo, donde ponemos toda nuestra atención como entrenadores. 

Tercera idea: Entran a jugar los partidos, entra otro factor a tener en cuenta para la idea de competir o ganar, etc., que es el rival. Y el rival juega en oposición a nosotros. Su objetivo es dificultar nuestras posibilidades de meter canasta y que sea fácil para ellos anotar. Pero la realidad es, que para lo que nos importa, el rival juega a nuestro favor, pues nos permite trabajar todo lo anteriormente explicado en unos contextos diferentes al entrenamiento, dándonos opción a avanzar hacia la última fase del aprendizaje, la ejecución inconsciente y eficiente durante el partido. 
El rival usa sus “armas” para tratar de vencer. Y este factor es clave. Eso, no está bajo tu control, ni sus “armas” ni cómo las utiliza. Lo que está bajo el control de las jugadoras es la ejecución de los detalles integrados en la toma de decisiones y la interacción entre compañeras. Lo que está bajo el control del entrenador es el tratar de entender las armas del rival e intentar anularlas utilizando las tuyas. 

Decíamos al principio que para ganar un partido, en primer lugar buscamos estar satisfechas. Satisfechas con hacer lo que tenemos que hacer, seguir un plan de partido y centrarnos en lo que está bajo nuestro control, los conceptos y detalles. Lo trabajado durante los entrenamientos. Si conseguimos eso, terminaremos satisfechas el partido. 

Segundo objetivo: Estar contentas. Para salir alegres del partido queremos ganar el partido. 

Tenemos un plan, detalles, conceptos, planificaciones, etc., y un rival con el que jugar. 

¿Y para ganar? Pues ahí descargamos la responsabilidad total en el entrenador. Tiene que ser capaz de leer el partido para maximizar nuestras virtudes y adelantarse a las posibles situaciones en las que el rival nos pueda hacer más daño, pero siempre desde las herramientas disponibles, lo entrenado según su planificación y objetivos y sus las jugadoras, pero no tres o cuatro, sino TODO el equipo. La posibilidad de ir a por el partido es una responsabilidad de todas las jugadoras, porque todas tienen talento. De ese modo, todas jugarán los minutos suficientes para sentirse participes de esa posibilidad. TODAS construyen la posibilidad de ganar el partido.  ¿Ganarlo? Es cuestión del mayor número de jugadoras posibles que estén plenamente enchufadas. ¿Lo ideal? Las doce. 

Incidir en la idea de que cuando nuestros equipos salen a la pista, el objetivo es competir, tener la posibilidad de llegar a la fase final del partido con opciones de vencer al rival. Y si llegamos a esa situación (final del tercer cuarto, más o menos), tratar de ganar el partido. Si hemos seguido nuestro plan y ganas, estarás, además de satisfecha, contenta, alegre. Si pierdes, estarás satisfecha, pero triste, fastidiada. Esto es deporte, recuerda, nadie gana siempre. 

La cuestión es si empezamos a centrarnos en cosas que no están bajo tu control. El árbitro, las pérdidas de atención porque no me salen las cosas, las carencias de mis jugadoras, los enfados por fallarlas, el rival que mete más canastas que tú, etc. Y comienza la insatisfacción con uno mismo. Te sientes incómoda, aparecen los fantasmas, la frustración, afloran los egos y mirar a las compañeras, entrenadores eludiéndo responsabilidades, etc.

Resumen final:

Así que primero trabajemos en buscar la satisfacción, pues sin ella, hay muchas posibilidades de perder el partido, y después, vayamos a por la alegría.  

La victoria nos genera una alegría temporal, finita en el tiempo, que se desvanece poco a poco. La satisfacción construye caractéres, genera autoestisma, fomenta la autoconfianza, crea vínculos entre las jugadoras, fortalece al equipo. 

Lo que realmente queda, y genera poso, es la satisfacción, el hacer lo que te propones, todo lo bien que puedas en ese partido en concreto, o en esa competición. 

¿Esta idea es no querer ganar? Rotundamente NO. ¿Esta idea es que me centro más en la formación y me olvido de la victoria o la derrota? Rotundamente NO. Yo quiero ganar, pero estando satisfecho. Y estando satisfechas, TODAS las jugadoras. 

Quiero ganar construyendo jugadoras, no perdiendo jugadoras en el camino. 

Quiero ganar ayudando a construir personas, como la mayoría de todos los entrenadores que conozco. 


Por último, la evaluación. Si nos hemos centrado en lo explicado anteriormente, evaluaremos aquello que nos importa y está bajo nuestro control, lo que significa que la evaluación de mi faceta de entrenador no se hará en función de si gano o pierdo, sino en función de si alcanzan los objetivos particulares establecidos para cada jugador y para el equipo. Se evalúa lo merecido, no lo conseguido. Hay que ser coherente. Si te importa el proceso, evalúa en función de lo trabajado en el proceso, no en función de si has ganado o perdido más o menos partidos.

¿Quiero ganar? SI. Ya sabes cuál es nuestro camino. 




lunes, 5 de diciembre de 2016

El grito en el entrenamiento y el partido

Este artículo viene a consecuencia de una serie de tweets referidos al grito como una herramienta a utilizar por los entrenadores en la gestión de los entrenamientos y partidos. 

La voz tiene una serie de cualidades, que resumidamente son:
  • Timbre. Es la “huella digital de la voz”, no hay dos iguales.  Lo intrínseco de cada voz.
  • Tono. Es el grado de elevación de un sonido correspondiente a la mayor o menor rapidez de las vibraciones de los cuerpos sonoros, en este caso de las cuerdas vocales. El tono de la voz debe variar, subir y bajar como en una escala musical para que la voz no resulte monótona. Nos informa mucho sobre su expresión,sobre  las emociones que le acompaña, sobre  lo que quiere o intenta expresar.
  • Intensidad (o volumen). Hace referencia a la fuerza y el volumen acentual. Lo fuerte o suave de su sonido.
  • Tiempo. Mide el tiempo de duración del sonido y la velocidad que alcanza. Lento, normal, rápido y andante.
El timbre diríamos que es nuestra identidad, lo que nos distingue.

Y a partir de ahí, tendríamos el tono, el volumen y el tiempo, como aspectos bajo nuestro control a modificar.

En temas de comunicación, otro aspecto que considero importante reseñar en un entrenador es el principio de: “se quien eres, no pretendas ser otro”, haciendo referencia a mostrarte tal y cómo eres en todas las circunstancias o situaciones. 

Hemos introducido dos elementos en la ecuación:
  • el primero, la voz y aquello que está bajo mi control en su gestión (tono, volumen y duración). 
  • y en segundo lugar tu personalidad y la veracidad y coherencia de tus acciones frente a tu forma de ser.
  • e incluiría un tercero, pero en el que no vamos a extendernos mucho, el lenguaje corporal o no verbal. 
Podríamos decir que gritar es elevar la voz más de lo acostumbrado. En condiciones habituales, nuestra voz no es elevada. 

Y a partir de estas reflexiones, la pregunta sería, ¿es útil el grito en el desarrollo de un entrenamiento o partido?

Diría, de manera obvia, que si el entorno donde se desarrolla la práctica deportiva es de un volumen elevado (tres equipos entrenando a la vez), probablemente, tengamos que elevar nuestra voz, simplemente por el hecho de que sino, no nos oiran nuestras jugadoras.

El segundo punto que introducíamos era el de la personalidad. Si eres una persona tranquila, no acostumbrada a gritos, muy probablemente no “seas de gritar”. Y esto, en ocasiones, se confunde con falta de intensidad. Si el entrenador grita, el jugador está intenso. Probablemente sea así, aunque lo que tiene que mantener al jugador intenso es su actitud y no el grito de su entrenador. Debe ser algo inherente al propio jugador. La labor del entrenador estará en diseñar una sesión suficientemente atractiva para el jugador, que le suponga un reto en sus habilidades y le mantenga centrado y con un nivel de concentración e intensidad adecuado. Evidentemente, tenemos 12 jugadores con niveles diferentes, lo que me llevaría a preparar entrenamientos individualizados. Pero como esto no es tenis, sino un deporte colectivo, el entrenador tiene que seguir buscando recursos para proporcionar, con un solo ejercicio, retos adecuados para cada uno de sus jugadores. Y dentro de ese ejercicio guiar a los jugadores en sus diferentes retos. O si los unificas, gestionar tu comunicación según el jugador (animar más al que sabes que le cuesta, reforzar positivamente al que le sale, fomentar que se apoyen entre pares, etc.).

¿Y dónde entra aquí el grito? Un grito concreto puede ser una llamada de atención puntual, para poner de nuevo en el camino a la jugadora. Estaríamos jugando con el volumen de nuestra voz. Hasta aquí, de acuerdo. Donde ya no lo estoy, es que esta subida de volumen vaya acompañada de un tono inadecuado (tono=expresión de las emociones), en el que se manifiesta la frustración del entrenador porque no se han logrado alcanzar las expectativas que el propio entrenador tenía puestas en ese ejercicio, jugador o situación de partido. Y que sea un recurso habitual. Aquí tampoco estoy de acuerdo. 

Y es en el tono y en el tiempo donde creo que tenemos que hacer más hincapié, en detrimento del volumen, ya que ambos, tono y tiempo, tienen más impacto en los jugadores. Un tono seco y cortante, por ejemplo. Si le sumas una cadencia lenta en el hablar, o determinadas pausas, probablemente captes mayor atención de las jugadoras que con una simple elevación del volumen. 

Y no digo que no se juegue con el volumen, pero no siempre hacia arriba. También hacia abajo. Bajar el volumen es otro recurso. Y muy útil. 

De este modo, y resumiendo, desde mi punto de vista y mi forma de ser, no soy muy participe de captar la atención de la jugadora o fomentar su intensidad o actitud a través de elevar la voz más de lo acostumbrado (lo que viene siendo gritar), sino mediante el juego de los recursos disponibles, tono, duración y volumen (hacia abajo y no hacia arriba). 

Y reseñar por último el tercer aspecto importante en la ecuación, que sería mi lenguaje corporal. Este debe acompañar y complementar al verbal. Como las vías de un tren que van en paralelo a alcanzar un destino común. Pero eso da para otro artículo. 


Así que entrenador, piensa como eres, juega con las características de la voz, diseña ejercicios que sean un reto, trabaja tu lenguaje no verbal, y probablemente, haya muy pocas ocasiones en las que tengas que elevar tu voz para transmitir un mensaje, ya que por otro lado, recuerda que el baloncesto les gusta mucho a todas tus jugadoras, y si algo no sale o se aburren, piensa que probablemente tú tengas mucha de responsabilidad en ello. Y el grito, no lo solucionará.