lunes, 1 de junio de 2020

El impacto del entrenador en el desarrollo de la valentía de la jugadora

Nuestro gran enemigo es el miedo a equivocarse. 

Pero…¿quién tiene miedo? ¿La jugadora?¿El entrenador? 

La jugadora es la que juega.  El juego es “Hacer algo con alegría con el fin de entretenerse, divertirse o desarrollar determinadas capacidades”. Hacer cosas con alegría para desarrollar determinadas capacidades. ¿No es absolutamente humano que en ese proceso nos equivoquemos? Entonces, ¿por qué tenerle miedo a algo tan nuestro y natural como la equivocación? 

Pienso en el inicio. El primer momento donde una niña actúa por primera vez con el deporte. Sin la presencia del entrenador. ¿Qué haría una niña con diez años que por primera vez le dejas sola con un balón y una canasta? ¿Cómo actuaría? Probablemente haga dos cosas de manera continuada, botar y tirar a canasta. ¿Metería todas las que tira?¿Agarraría de nuevo el balón cada vez que botara? Seguro que no. 
¿Y cómo le afectarían esos resultados, el no meter canasta o que se le escape el balón? Muy probablemente buscaría soluciones para llegar con más fuerza o tener más puntería, en el caso del tiro, y modificaría manos, brazos en el caso del bote. Y todo esto sin la intervención del adulto-entrenador que tiene conocimientos para transmitirlos y solucionarle el problema. Pero no, ella se los soluciona sola. Jugando. Probando. Y sin que el fallo o el error le condicione. 

¿Y si ahora metemos a otra niña en la ecuación? ¿Qué harán? Probablemente, ponerse de acuerdo en algo. Y ahí aparecerá el pase. Pues sólo tienen un balón. Seguirán jugando. Probando. Y seguro que al cabo de media hora el nivel de pericia de ambas será diferente. Pero, ¿les habrá condicionado el fallo suyo o el de su compañera? Casi estoy convencido de que no. Posiblemente, cuando a una se le ocurra una manera de solucionar el problema (después de varios intentos fallidos), la otra lo copie. 

Entonces, ¿Quién tiene el problema con el error o el fallo o el resultado no exitoso? El entrenador. Somos nosotros los que tenemos que aprender, no tanto a identificar y corregir el fallo o el error, sino aprender a enseñar la gestión de las consecuencias de las acciones de las deportistas. 

Fomentar la valentía conlleva construir sobre la gestión del riesgo. No todo vale, evidentemente. Pero en los deportes colectivos se tiene que construir un código común sobre qué hacer con las decisiones arriesgadas. Con las actitudes con un punto de locura que pueden llevar a dejar al descubierto al equipo. Esta es la verdadera tarea del entrenador, y no tanto el corregir  con nuestra retroalimentación a la jugadora (limitando su creatividad en la mayoría de las veces). 

Valentía, determinación, arrojo, decisión o riesgo se convierten en sinónimos en este contexto. Todo esto ya lo llevan de serie Y quizás simplemente los entrenadores deberíamos dejar en paz a las chicas. Y sólo deberíamos orientarlas (a ella y a todo el equipo) a gestionar las consecuencias.


viernes, 8 de mayo de 2020

Con estos mimbres haré la cesta

Los jugadores que tienes son los que tienes. Ni mejores ni peores. Y ese es tu reto, el de hacerlos crecer personal y deportivamente. Céntrate en ellos, conócelos, y desde ese punto de partida, entrena para mejorarlos. Para llevarlos a su mejor versión. Esa es una de tus grandes responsabilidades como entrenador. 

Con las cartas que tienes deberás jugar el mejor juego posible. Y eso hará que cambien tus cartas a mejor. Si logras que tu jugador mejore y ponga ese crecimiento al servicio del equipo, de manera natural, el equipo mejorará, y esa mejora, también retornará al deportista. El círculo virtuoso. 

¿Cuántas veces he escuchado a los entrenadores quejarse del nivel de sus jugadores?¿Cuántas veces he escuchado a los entrenadores hablar más de las limitaciones de sus jugadores que de su potencial?

Yo lo relaciono con la creencia del talento de nuestros deportistas. Cada uno tiene que tratar de llegar lo máximo que pueda llegar. Y debemos creer verdaderamente en el jugador.  Una de las partes de las que se compone el deportista es el talento. Y los entrenadores debemos percibir el de nuestros jugadores. De esa manera, ellos lo sentirán así. 

¿Y cómo relacionar el talento y la competición? El jugador necesita de minutos en la pista para crecer. Si creemos en esta idea del talento, tenemos la obligación de darle espacio para que lo desarrolle, lo que significa: minutos de juego. 

Seguro que has tenido la experiencia allá por todos los meses de mayo, donde empiezan las quinielas para ver quien entrena a qué equipos la próxima temporada. Da igual el club donde estes. Siempre hay “buenos” equipos y “malos” equipos que te pueden asignar. Yo siento debilidad por lo que algunos llaman “malos” equipos. Son mis favoritos. Y soy un poco egoísta. 

Creo profundamente en el talento de las personas. Tengo esa rara virtud, manía o defecto de creer en las personas. Y percibo, de manera natural y sin mucho esfuerzo, el talento. Algún talento. Eso me ha llevado a coger aquellas generaciones que han estado al filo de la desaparición, con problemas o determinadas carencias de juego. Decía que soy un poco egoísta. Sí. Esos equipos son los que más me han hecho crecer como entrenador, junto a aquellos de un nivel superior a mis conocimientos que anteriormente nunca había entrenado.  

Esas experiencias rompieron con lo anterior. Me obligaron a buscar recursos previamente no explorados. A innovar. A arriesgar y atreverme a proponer tareas y actuaciones que ni pensaba que pudiera realizar. Aquellas temporadas me ayudaron a reformular mis creencias. A medida que avanzaban los meses la metodología de otros años iba perdiendo protagonismo para dar paso a nuevos métodos que enriquecieron lo anterior. 

Por eso la atención la tienes que poner en tus jugadores. En lo que tienes y no en lo que no tienes. 

Con estos mimbres haré la cesta, suelo decir. 

lunes, 6 de abril de 2020

A pesar de todo


[Madrid, 2020]. La doctora tenía miedo. Llevaba una guardia tras otra y el agotamiento empezaba a hacer mella en su ánimo. Apenas había descansado y allí estaba de nuevo, vistiéndose con lo que tenía: mascarilla de un solo uso, bata, gafas de buceo, guantes y un gorro sanitario que le regalaron en la sección de pediatría decorado con motivos infantiles. Con la ayuda de dos celadores se recubrió la bata con bolsas de basura y pensó que quizá así se sentían los toreros cuando les ponían el traje de luces: tensos, nerviosos y concentrados. La única diferencia es que su enemigo era invisible y podía estar en cualquier parte. El puto bicho como ya lo llamaba toda España. El puto bicho de los cojones. Mientras terminaba de prepararse pensó en su hija de cuatro años y en que no podía besarla por las mañanas por temor a contagiarla. Dios, ¡tenía tantas ganas de hacerlo! Se acordó de su marido, que la reconfortaba con su apoyo en los breves momentos en los que podía descansar en su hogar. Pensó en sus padres, ya octogenarios, que aguardaban en casa sin rechistar, entrañables y sabios. Gracias a Dios a ellos no les había alcanzado el puto bicho. En sus oídos retumbó el aplauso que sus compatriotas les habían dedicado desde los balcones la noche anterior. Aunque siempre lloraba al oírlo, recordarlo la infundió ánimos. Se concentró en sus pacientes, personas desconocidas que sin embargo ya eran parte de su familia. Ella era una doctora y no quería ser una heroína pensó mientras observaba las bolsas de basura que la recubrían, no había estudiado para eso. Heroína, así la llamaban sus amigos cuando conversaban por WhatsApp. Su familia, sus amigos, sus pacientes. Luchaba por ellos.

[Flandes, 1615]. El soldado tenía miedo. El enemigo aún seguía allí y no tenía visos de flaquear, el hideputa. Poco antes del alba se encontrarían de nuevo. Como buen veterano revisó su equipamiento. Ya no recordaba cuándo fue la última paga. Apenas contaba con lo que había podido afanar a lo largo de los años. Más le valía, era el suyo un mundo de listos o de muertos. Se anudó en el brazo el pañuelo rojo que distinguía a quién era camarada de quién no y repasó por última vez: Camisa blanca con cuello a la valona, pantalones acuchillados en el muslo, botas de caña alta, espada y vizcaína. Miró a un lado y observó cómo sus compañeros también seguían su propio ritual en silencio. A pesar del miedo, verlos le infundía una calma serena que seguro que iba a necesitar. Había recorrido medio mundo y luchado en infinidad de batallas, escaramuzas y reyertas a su lado. Gente recia, preparada, dura y leal. Con ellos a cualquier parte. Pensó en su mujer y en sus hijos, que le esperaban en la hacienda. Pensó en Lope, aquel huérfano que había acogido de niño y que corría a abrazarle cuando regresaba de una campaña, el suyo era un amor sincero. Pensó en Tiago, el cura, que siempre lo bendecía antes de cada partida. Por su familia, sus amigos, su gente. Por el rey. La encamisada sería al amanecer, había que ir con todo a por el hideputa.

El soldado se guarneció tras unas rocas y oteó el campamento enemigo con los ojos afilados. Aún no había amanecido y no había acaecido el relevo de guardia, a buen seguro estarían cansados. Como esperaba, la mayoría estaba durmiendo. No imaginaban la que se les venía encima. Sin alzar la cabeza, volvió la vista y se percató de que el más joven de sus compañeros trataba de que no se le notaran los temblores. “Bisoño”, dijo el soldado en voz baja. “¿Es tu primera encamisada?”. Sí, susurró el chico. “El miedo es bueno, te enseña a estar alerta, no te apartes de mí”. Volvió a pensar en los suyos, en su tierra y en sus gentes. Sentía miedo pero no les fallaría. Besó el crucifijo que colgaba en su pecho, afianzó la bota en el suelo y, sosteniendo espada y la vizcaína en sus manos se alzó despacio y dijo: “Vamos allá, es la hora”.

[Madrid, 2020] La doctora posó su mano de látex sobre el pomo de la puerta que daba acceso a la planta de los enfermos. Tenía miedo pero la necesitaban. Su joven ayudante, que acababa de terminar las prácticas de internista, le entregó una carpeta con informes y gráficas de cómo había ido la noche. La mirada del ayudante denotaba cierta angustia y se le estaban empañando las gafas protectoras, de calidad dudosa. A pesar de la mascarilla, la doctora le sonrió sabiendo que también se sonreía con los ojos. El muchacho le devolvió la sonrisa y se relajó un poco. Será un buen médico, pensó la doctora. “Vamos chaval, a por el puto bicho”, dijo ella, y abrió la puerta. “De los cojones”, contestó él como un mantra, un lugar común entre ambos en aquellos días inciertos. Entraron con firmeza a la planta, como soldados de Tercio Viejo prestos para la batalla.

[Flandes, Madrid, …]. Terribles y fuertes, armados con lo poco que tenían, se adentraron en la lucha. A pesar del miedo y de las paupérrimas condiciones en las que tenían que batallar, lo hacían por su propia nobleza, por corazón, por su familia, sus amigos y su gente. Al otro lado, el puto bicho de los cojones o el hideputa, aguardaba temeroso, sus días estaban contados.

Javier Díaz
Madrid, 2020

jueves, 12 de marzo de 2020

El Gran Equipo

El deporte me ha dejado muchas enseñanzas a lo largo de la vida. Ahora que nos encontramos en una situación no vivida anteriormente en España con la epidemia del coronavirus (CODVI-19) esos aprendizajes se hacen de nuevo presentes, al igual que en otras muchas ocasiones. 

Primer paso

Como entrenadores, en aprendebaloncesto siempre hemos coincidido que proporcionar conocimiento a nuestros jugadores es clave. Ahora, los jugadores del equipo somos cada uno de los ciudadanos. En primer lugar entonces, el deporte me enseña que tengo que tener conocimiento, y ese tiene que venir de fuentes expertas y autorizadas. 

Así que, de cara a la situación actual generada por el CODVI-19, en primer lugar, estos son algunos enlaces donde las autoridades sanitarias nos proporcionan la información del qué, cómo, dónde y cuándo:

https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/documentos/20200306_Preguntas_respuestas_2019-nCoV_v2.pdf

En este enlace del Ministerio de Sanidad también está toda la información:

https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/ciudadania.htm

Segundo paso

Los jugadores ya tenemos el conocimiento. Ahora toca poner lo mejor de cada uno al servicio del equipo. ¿Cuál es mi equipo ahora? La sociedad entera. Así es en el mundo globalizado donde vivimos. 

El aporte individual, el esfuerzo y el detalle del jugador va en beneficio del equipo. Por eso, decimos que el baloncesto es un deporte individual jugado en equipo. 

La responsabilidad individual de cada uno para llevar a cabo las directrices dadas por los organismos autorizados es clave. Necesitamos ser disciplinados porque jugamos en equipo. ¿Y qué es la disciplina? Hacer lo que hay qué hacer, cuándo hay que hacerlo, dónde hay que hacerlo y cómo hay que hacerlo. 

Tercer paso

En este enlace el Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad explica claramente cómo evoluciona una epidemia.  

https://www.rtve.es/noticias/20200311/asi-explica-fernando-simon-cuales-son-curvas-puede-seguir-epidemia-del-coronavirus/2008791.shtml

Lo que verdaderamente distingue a un equipo es que todos sus componentes tienen un objetivo común. Cada jugador (ciudadano) del equipo (sociedad) debe compartir el mismo objetivo. Aquí ya lo tenemos: aplanar la curva. 

¿Cómo? Nos lo han dicho: debemos evitar socializarnos. Reducir al mínimo nuestros movimientos. Relacionarnos directamente lo menos posible. QUEDARNOS EN CASA. 

¿Para qué? Para evitar nuevos posibles contagios y saturar a los servicios sanitarios,  que, por cierto, están haciendo un trabajo ESPECTACULAR en beneficio de cada uno de nosotros. 

Cuarto paso

A los jugadores les enseñamos a que se centren en lo que está bajo su control. Tanto en los entrenamientos como en los partidos. Esto les permitirá mejorar día a día. Podrán poner la atención en lo que ellos pueden controlar. El árbitro no está bajo su control, ni el público, ni su entrenador o los rivales. 

Ahora tenemos que centrarnos en lo que está bajo nuestro control. No es momento de lecciones aprendidas (ni nos corresponde a nosotros), ni de quejarnos o protestar si el entrenador o la junta directiva son mejores o peores. No es tiempo ni de queja, ni de protesta, ni de indignación. Es tiempo de responsabilidad individual, disciplina y serenidad. 

Quinto paso

La paciencia es clave en el desarrollo de un deportista. No debemos quemar sus etapas. 

Ahora es igual. Demos espacio a los expertos y a las autoridades sanitarias para que establezcan los planes de actuación. No difundamos noticias falsas. No hagamos especulaciones. Ni juguemos con suposiciones. Tengamos paciencia y confianza en los expertos en sanidad, que desde hace unos días nos están dando muestra de su EXCELENTE PREPARACIÓN. 

Conclusión 

La sociedad se forma por las aportaciones individuales que cada uno de nosotros ponemos en beneficio del equipo. Ahora somos los protagonistas directos. Somos EL GRAN EQUIPO. 







miércoles, 15 de enero de 2020

Del Cid Campeador a la cancha

Arturo Pérez-Reverte ha escrito una novela sobre el Cid Campeador que me enganchó desde la primera página. Se titula SIDI, un relato de frontera. 

He extraído casi noventa citas que considero extrapolables a mi entorno de entrenador. Evidentemente cada época tiene un contexto diferente, y además no es comparable una situación de guerra, a vida o muerte con una cancha de baloncesto. 

Pero hay ciertos mensajes subyacentes que te acompañan durante la lectura de la novela que considero intemporales y provechosos para nuestros días y mis cometidos como entrenador.

De la milicia se pueden extraer lecciones útiles para nuestro mundo del baloncesto. Atención también a la relación entre el Cid y su segundo al mando. 

He agrupado las citas tratando de asemejar momentos de la novela a circunstancias o responsabilidades de un entrenador. Válido tanto entrenes en cantera, élite o en el equipo de tu barrio.  Y para cualquier disciplina deportiva. 

RASGOS DE LOS COMPONENTES DE UN EQUIPO

"Lo seguían por el prestigio de su nombre, y éste se hallaba en relación con las perspectivas del botín"

"Las individualidades se diluían en la disciplina del grupo"

"Tenían disciplina y tenían paciencia"

"No eran necesarias órdenes, puesto todos conocían su oficio"

"Domado por la disciplina. Por el hábito profesional de obedecer"

"Había, pensó, cuatro clases de hombres en la guerra:los que no sentían miedo, los que lo sentían pero evitaban mostrarlo, los que lo mostraban pero cumplían con su deber y los cobardes. Sólo los tres primeros tenían un lugar en la hueste, pues los otros estaban ausentes por causa natural: los rechazaban sus compañeros, se iban o morían pronto"

"Y ahora veía en sus rostros curtidos lo que esperaba encontrar: disciplinados, serenos, con indiferencia de mensnaderos profesionales, aguardaban órdenes que podían llevarlos al cautiverio o a la muerte. Era gente que sabía hacer bien su trabajo"

"Sentía Ruy Díaz, al observarlos, la áspera fraternidad de los hombres de guerra. Un vago y común orgullo forjado fatiga tras fatiga, con lo que les había ocurrido en la vida y lo que les iba a ocurrir ese día"

RASGOS DEL ENTRENADOR

"Sabían de su vida....y la equidad en el reparto del botín; de su carácter duro pero justo, airado cuando convenía serlo, y de su cólera, fría e inflexible cuando se desataba"

"Era la clase de insolencias que todos esperaban de él. Desafíos y orgullo. También de ese modo se fraguaban las leyendas"

"Jamás, desde que guerreaba, había ordenado a un hombre algo que no fuera capaz de hacer por sí mismo. Eran sus reglas. Dormía donde todos, comía lo que todos, cargaba con su impedimento como todos. Y cometía igual que ellos, siempre en el mayor peligro, socorriéndolos en la lucha como lo socorrían a él. Aquello era punto de honra. Nunca dejaba a uno de los suyos solo entre enemigos, ni nunca atrás mientras estuviera vivo"

"En realidad, se dijo, ser jefe consistía en eso: la capacidad de hacer planes y de convencer a otros para que los ejecutaran, aunque eso los llevase a la muerte"

"Ruy Diaz cabalgaba delante, como solía...cumpliendo sus propias órdenes, llevaba la cota puesta y el almófar de malla de acero colocado bajo el yelmo, protegiéndole el cuello y la nuca: una incomodidad a la que sus hombres y él estaban habituados"

"Sabían que iba a cabalgar delante. Y sabían que no podían dejarlo ir solo"

"Las prisas solían matar, concluyó satisfecho. Afectaban al instinto de conservación. Lo volvían a uno descuidado"

"- Si me ha desterrado es porque está en su derecho. Es mi señor natural.
- Eso no está escrito en ninguna parte.
- Sí que lo está.
-Ah, vaya...¿Dónde?
- En mi conciencia."

"No me toca a mí juzgar las decisiones de mi rey"

"- ¿Puedo hablaros con franqueza, señor?
- Tienes fama de hacerlo a menudo. Y no siempre en tu beneficio"

"El rey moro sabía hacer preguntas y escuchar respuestas, virtud rara en los poderosos"

"El arte del mando era tratar con la naturaleza humana"

"A su imagen de jefe, probando que a nadie exigía nada que él no pudiera hacer"

"Ruy Diaz los dejaba hablar, estudiándolos cual solía. Aprendiendo de todos"

"No es fácil mandar a los hombres.....requiere virtudes militares y también humanas"

"No vas a la guerra rodeado de pajes y sirvientes, apartado de tu gente. Al contrario. Compartes con ella el mismo pan y el mismo riesgo"

"Ser capaz de ponerte en pie entre una lluvia de flechas dando órdenes sin que te tiemble la voz, y que tus soldados te respeten por eso"

"Eres uno de esos hombres raros fieles, no a una persona, sino a una idea"

"Por eso hay quienes no se traicionan nunca, aunque en torno se les hunda el mundo. Incluso en la negrura de la noche, cuando nadie los ve...No hay lealtad tan sólida como ésa"

"Hay hombres cuya lealtad hacia ellos mismos, a lo que son o creen ser, los hace peligrosos... A ésos resulta imposible dominarles el corazón, incluso aunque compres su vida"

"No puede vivir de las armas quien no sabe morir-suspiró-. Y la gente bien nacida sabe ir con calma hacia la eternidad"

"Si un guerrero va a morir y está dispuesto a ello, actúa como si ya estuviera muerto...Igual que si su vida no fuera suya. Entonces combate con todas sus fuerzas, permanece unido a sus compañeros y no busca la salvación, sino hacer al enemigo todo el daño posible"

"¿Nunca estás inseguro, Sidi?
-Continuamente."

"Los hombres no son ideas; si los pierdes tal vez no tengas más. Por eso nunca envidié la vida de los sabios, los artistas o los filósofos"

"Eres un jefe extraño. Puedes ser temible con los enemigos, implacable con los indisciplinados, fraternal con los valientes y leales...Tienes la energía y la crueldad objetivas de un gran señor. Eres duro y justo. Y lo que es más importante: puedes mirar el mundo como un cristiano o un musulmán, según lo necesites"

"Prefiero un peligro incierto-comentó-a infligir una ofensa cierta"

"-¿Puedo hablaros con franqueza?-preguntó Ruy Díaz-. ¿Con respeto pero con franqueza?"

"Sabes mandar. Renuncias a privilegios que te corresponden: duermes como todos, comes lo que todos, te arriesgas con todos. Jamás dejas a uno de los tuyos desamparado, si puedes evitarlo..."

"Quien no tiene consideración por las necesidades de sus hombres no debe mandar jamás"

SISTEMA DE VALORES DEL EQUIPO

"Supo que todos venían detrás y que intentar comprobarlo, aparte de innecesario, sería ofenderlos. Al fin y al cabo, la honra de la hueste no era sino la suma de las honras de cada cual"

"Cada cosa tiene su momento. Y la paciencia es una virtud"

"Doscientas lealtades y doscientas vidas"

"Conciencia de grupo, orgullo y lealtad"

"Id al combate tanto si es difícil como si es fácil..."

"Cuanto más se suda antes de la guerra, menos se sangra en ella"

"Se ha prescrito que combatamos, aunque nos disguste-dijo-. Puede que disguste algo que conviene y amemos algo que no conviene..."

"Que todo es cuestión de saber para qué se calza uno: para danzar en los salones o para la guerra"

GESTIÓN DE PERSONAS

"No convenía llevar a nadie a sus límites"

"Con ellos no basta dar órdenes, ni tampoco es bueno explicárselas....su trato exige un continuo tira y afloja....y en el oficio de las armas...es preciso pasarla cada día"

"No se puede confiar en alguien que nunca cometió un error. Expone a otros a verse envueltos en el primero que cometa"

"Se equivoca quien hace la guerra con la única esperanza de vencer siempre.....Hay que educarse también para la derrota"

COMUNICACIÓN

"Por el momento, el silencio reforzaba su autoridad. Ponía la distancia necesaria entre él y los mesnaderos a los que iba a exigir demasiado en tiempos inmediatos"

"Muño García se había ruborizado de orgullo al verse mencionado. No por el encargo, que era natural, sino porque el jefe de la hueste recordase su nombre. En realidad éste conocía y recordaba el de casi todos ellos. Eso era importante en el oficio de las armas, pues nada alentaba más en mitad de un combate, en la dura soledad de matar y morir, que un jefe gritara nombres"

"En ese punto se detuvo a mirarlos otra vez uno por uno, cual si lo que iba a decir se dirigiera a cada hombre en particular"

"Os estaré mirando, hombres. Os veré cumplir como quienes sois. Tenéis que hacerlo bien, porque os estaré mirando"

"Ruy Diaz dejó pasar un instante, apretados los labios. Conteniéndose. No quería decir nada de lo que arrepentirse luego. No era lugar ni momento"

"En pocas palabras, breve y claro, Ruy Díaz describió la tropa enemiga y cómo venía dispuesta"

"Lo cierto es que sabes hablar a los reyes, Sidi"

PREPARACIÓN DE PARTIDO

"Jugaba en su cabeza el ajedrez de la guerra"

"Ese era su trabajo, pensar y prevenir"

"Las ideas debían cocinarse despacio, y no en su cabeza sino en la del otro"

"Pero en el oficio de las armas, y por si acaso, la duda debe tratarse como si fuera certeza"

"En asuntos militares, los mejores planes podían venirse abajo por un mínimo detalle"

"Leía en el terreno el inminente combate como si lo hiciese en un libro, calculando en qué podía beneficiar cada detalle al enemigo o beneficiarlo a él"


"Manejas el Corán mejor que muchos musulmanes que conozco. 
-No tengo más remedio. A veces me va la vida en ello"

"El modo más seguro de perder una batalla, pensaba, era creerla perdida"

"No hay hombre más cobarde que yo en vísperas de una batalla.....Mientras hago planes, procuro imaginar cuanto puede salir mal....¿Y actuar luego en función de eso, y no de lo que puede salir bien? 
-Mas o menos"

SITUACIONES DE PARTIDO

"La guerra era aquello, se dijo Ruy Diaz de nuevo: nueve partes de paciencia y una de coraje. Y más temple era necesario para lo primero que para lo segundo"

"Ser vencidos de antemano por la tensión. Por la incertidumbre"

"Batallar era un mucho más, o un casi todo, de rutina y fatiga, de marchas interminables, de calor, frío, tedio, sed y hambre, y también de apretar los dientes aguardando momentos que no sucedían nunca o que, cuando al fin llegaban, transcurrían fugaces y brutales, sin tiempo para retener detalles, sin otro pensamiento que no fuera golpear, defenderse y recordar la única regla: si luchas bien, vivirás; si no, te matarán"

"Es mejor-siguió diciendo-que todos estemos al corriente de los planes, porque empezado el combate no habrá ocasión de órdenes"

"Se opacaban sus ojos con un feroz vacío, distanciándose poco a poco de cuatro no fuese lo que aguardaba fuera de la rambla y el encinar: la cabalgada, el enemigo, la vida y la muerte. Eran gente de guerra a punto de hacerla, y conocían el oficio. Y su precio. En ese momento supremo, sólo sangre ajena y botín propio ocupaban los pensamientos"

"Procuró concentrarse en lo que iba a ocurrir"

"Pensó un instante en Jimena y las niñas, antes de olvidarlas. Allí a donde se dirigía no podían acompañarlo. Era incluso peligroso llevarlas, distraían su atención. Lo debilitaban. Hacían pensar en la vida, en desear conservarla a toda costa, y ese pensamiento liquidaba a cualquier guerrero: era el principal obstáculo para permanecer vivo"

"No había cálculo en un combate cuerpo a cuerpo. Hasta ahí llegaba la razón, y en ese punto concluía para dar paso al corazón y la suerte. Una vez empezado, no existía lucidez posible. Sólo adiestramiento e instintos"

"El jefe de la hueste los miraba uno a uno, calculando con frialdad objetiva sus estados de ánimo"

"Como todo en la guerra, se dijo, aquello era cuestión de riesgos y oportunidades. De calcular pérdidas y ganancias"

"Respiró muy profundamente otra vez, procurando vaciar la cabeza de cuanto no fuese lo que iba a ocurrir"

"Lo que vino a continuación fue, como de costumbre, una sucesión de movimientos mecánicos hechos de coraje, desesperación y adiestramiento"

"Pero las cosas de la guerra son inseguras. No conozco fórmulas que garanticen una victoria...Sólo ocasiones que la facilitan o la impiden"

"Contra los abrazos del destino, ningún talismán tiene poder"

"-A menudo-dijo-la derrota llega cuando uno se siente inclinado a hacer sólo lo que puede"

"Tomar decisiones y buscar el momento"

"Mañana, mientras peleamos-dijo al fin-,habrá que acechar en la forma en el momento justo. Saber reconocerlo"

"Eso no es asunto tuyo. Es el rey y hace su voluntad. Nuestro deber es combatir por él, y a eso vamos. Esté donde éste...¿Entendido?.......Pues ocúpate de tus asuntos. Que van a ser muchos y difíciles"

DESPUÉS DEL PARTIDO

"Ruy Díaz parecía no escuchar. Se hallaba absorto en los recuerdos recientes: imágenes de la batalla que irrumpían en sus pensamientos con tanta viveza como si estuvieran ocurriendo de nuevo"

"Era ahora, sereno al cabo, cuando ordenaba la sucesión de hechos, las decisiones que había tomado sobre la marcha, fruto de la experiencia combinada con el instinto. Decisiones que lo habían llevado hasta allí, pero que también, por caprichos del azar o errores de juicio, podían haberlo convertido en uno de los cadáveres desnudos a orillas del arroyo. 
Miró hacia el campo de batalla, lúcido al fin. Comprendió por qué había ocurrido de esa y no de otra forma. 
Entonces, y solo entonces, supo con certeza por qué había vencido"