lunes, 3 de junio de 2019

Esos padres (que no madres).....

Desde el banquillo percibo una frustración permanente en los padres, y digo bien, los padres, cuando su equipo en el resultado parcial del encuentro va perdiendo. 
Hablo de los padres, hombres y no mujeres, del equipo rival. Los padres y madres de mi equipo son un gran ejemplo, no para el deporte, sino para sus hijos de doce años. Y además de disfrutar del juego de sus hijos, también disfrutan con la victoria, cuando nos toca. Cuando perdemos, aplauden el esfuerzo de los nuestros y al oponente por haber sido superiores a nosotros. Si fuera de otra manera, también lo expresaría. 

Por el contrario enfrente veo, habitualmente, personas desesperadas con quejas constantes al árbitro: “pasos, zona, esos brazos, están haciendo falta constantemente, etc.” Parece que los chicos de mi equipo no hacen nada bien. Si anotamos es porque el árbitro nos ha concedido alguna ilegalidad. Si no nos anotan, algo fuera de las normas hemos hecho. 

Está claro que alguna vez llevarán razón. Pero digo yo, que de 48 minutos que dura un partido de mini, alguna canasta habremos hecho dentro de la legalidad. 

Me pregunto qué les llevará a esos señores (que no señoras) a desesperarse. Ya no es el hecho de que su hijo sea el mejor o no. Tiene que ver con los adultos. 

Luego, cuando termina el partido y los dos equipos nos aplaudimos y chocamos las manos, ellos pasan a engrosar la lista de personas que también aplauden y mandan mensajes del tipo:”bien, chicos, lo habéis hecho muy bien”. De repente han vuelto a ser personas cabales, pausadas y con cierta compostura. Pero durante el partido, se transmutan. 

No son muchos, suelen ser tres o cuatro hombres que la tensión del juego les transforma. Pero destacan sobremanera sobre el resto de los aficionados. 

A veces he pensado que sería bueno que las cámaras que graban el juego, les grabaran a ellos. ¿Se sorprenderían de ver su conducta? No lo sé. 


Desde el banquillo, con la calma de la observación del juego para ayudar a mis jugadores, sigo percibiendo con cierta tristeza, que esos señores se vean superados por la tensión del resultado y no puedan disfrutar de ver jugar a sus hijos. A mi me encanta ver jugar a mis hijas. Es de las mejores cosas que me pasa cada semana.