miércoles, 18 de mayo de 2016

Jugadores inteligentes. No contestes a todas sus preguntas.

El otro día tenía entrenamiento y al no poder asistir, me sustituyó una entrenadora, que por motivos personales, iba a llegar 20 minutos tarde al entreno.

Les dije a mis jugadoras que los primeros 20 minutos entrenarían solas. 

Subían dos jugadoras del equipo pequeño, 2001. Las mías son del 2000. 

No somos un equipo de alta competición. Ninguna se va a dedicar profesionalmente al baloncesto. 

Al empezar a entrenar, las jugadoras del 2001 se dedicaron a "hacer el tonto" e impedir el buen desarrollo del entreno. Una de las jugadoras del 2000 se les acercó y preguntó: "¿ qué hacéis?", a lo que respondieron: "como no está el entrenador, no hace falta entrenar en serio. 

La respuesta de la del 2000 fue tajante:"aquí hemos venido a entrenar". 

Lo interesante de esta historia es que las jugadoras del 2000 entrenan porque quieren entrenar. Porque quieren jugar al baloncesto, más allá de si sus habilidades les ponen en una F4 de la comunidad o un campeonato nacional. Quieren mejorar. Quieren jugar. Y no necesitan al adulto para asumir su responsabilidad como jugadora.

Al principio de la temporada, en cada ejercicio, tenía entre 3-4 preguntas. Mis respuestas siempre eran las mismas, "no preguntes tanto, piensa primero si sabes la respuesta, o si a través de la observación puedes encontrar la solución". 

Es un paso más para que las jugadoras se den cuenta de que saben más de lo que creen, que no necesitan estar guiadas constantemente, y abandonar la forma de aprender de "hago lo que me digan que tengo que hacer". 

El entrenador no puede salir a la pista a meter canastas, dar un pase o colocarse en un sitio determinado. Puede ordenar a una o a dos jugadoras, pero no lo puede hacer con las cinco, tanto en ataque o en defensa, durante todo el partido, por mucho que nos empeñemos. Así que quien juega son las jugadoras. 

Y para eso, hay que dejarlas pensar y que tomen decisiones. Y el ejemplo de las 2001 y 2000 me gusta porque las jugadoras han entendido que quien entrena y juega son ellas, no yo. Quien pone la intensidad son ellas, quien le dan nivel al entreno, son ellas. Yo solo puedo trabajar en crear las mejores condiciones para que ellas quieran hacerlo. 

Y sobran el 95% de los gritos, por no decir el 100%. Si no te gusta algo que está pasando en la pista, hay muchas maneras de hacerlas entender que ese no es el camino adecuado. Si gritas debes pensar que estás fracasando como entrenador, ya que el equipo trabaja porque tú estás encima, no por convencimiento personal del individuo y del grupo. 

Debemos pasar del "hago lo que me digan que tengo que hacer" al "mi intención es hacer esto...". Darles la responsabilidad de la intensidad y del compromiso. No es acerca de nosotros, es acerca de ellas. Saber para qué quieren el baloncesto, y orientar en el camino.

Además, se trata de fomentar que sean inteligentes, que encuentren la solución ellas. Y eso empieza, por ejemplo, por no contestar a todas sus preguntas, y abrir el espacio para que reflexionen, observen y tomen decisiones. Es algo que se hace constantemente en un partido. ¿Has pensado alguna vez la cantidad de toma de decisiones, reflexiones u observaciones que hay en un partido de baloncesto?