miércoles, 8 de julio de 2015

Entrenamiento 10. Segunda ruta de montaña

Segundo entrenamiento que hacemos en la sierra. A diferencia del primero, en este teníamos el objetivo de hacer una cima. Empezábamos en 1200 metros de altitud y teníamos la cumbre en 2092, casi 900 metros de desnivel.
Han sido cinco horas y media de ruta. Unas tres y pico para subir y el resto de bajada.
El comportamiento de las jugadoras ha sido fantástico. Cada una llevaba un ritmo diferente que hacía que se formaran grupos, reuniéndonos en cada parada. Esto me hizo pensar que cada persona y cada jugadora es diferente. Cada una lleva un ritmo. La clave del entrenador es encontrar esas paradas para que ellas sean conscientes de poner esas cualidades al servicio del colectivo.
Las rampas eran duras, pero nadie se quejaba. Subían con determinación. A falta de unos 200 metros de la cumbre, llegamos a un collado, donde nos juntamos todos de nuevo. Desde allí pudimos ver por primera vez físicamente la cima. Y fue entonces, con casi tres horas de ascensión en las piernas, cuando sucedió un hecho curioso. La mente empezó a realizar preguntas con connotaciones negativas.
¿Es ahí hasta donde tenemos que subir?¿Es necesario llegar hasta arriba?¿Hay que subir mucho más? ¿Pararemos a comer algo antes?, etc.
Cuando reanudamos la marcha, y a pesar de esas preguntas, percibí que las jugadoras se agarraron al colectivo, al sentido de pertenencia a un grupo, para seguir dando pasos para alcanzar la cumbre. De ahí la importancia del trabajo de cohesión. Por que cuando llegan las dudas, no sólo te puedes agarrar a ti, sino a tu colectivo, a esos vínculos creados previamente, a ese sufrimiento en equipo, donde el ser humano se identifica unos con otros y fomenta una empatía, generosidad, altruismo, y aquellas virtudes que hacen que te sientas en calma, en paz, porque has ayudado a que otra persona esté mejor. Y esa sinergia, hace que las dudas se disipen. Por eso no puede emprender muchas cosas tu solo, necesitas de los demás, y un  partido es algo que emprendes, y que a veces es fácil y otras se pone cuesta arriba. Y en las situaciones complicadas, en los momentos en los que te remontan, en los finales ajustados, es el colectivo quien tira de cada uno de nosotros, la jugadora con garra que tira ese lanzamiento, pero también la que defiende y dar un esfuerzo extra. Y todas, por el sentido de pertenencia a un colectivo. En la montaña fue igual.
Una jugadora se quedó rezagada. Fuera del grupo. Sufría más que las demás. Perdió el contacto visual. Me quedé con ella. Y su frase fue: "Me paro. Me rindo. No puedo más". ¡ Y estabamos a nada de hacer cima!. La fortaleza mental es una característica muy importante a trabajar en las jugadoras. En cada edad habrá que trabajar de una manera diferente. No es lo mismo un alevín que un cadete o un senior. Pero siempre hay que trabajarla.

Y es la fortaleza mental la que hace que en esas situaciones en las que, sin haber llegado a la cima, te dice que des un paso más. Y después otro. Es la fortaleza mental quien hace que te enfrentes de cara a la adversidad, a las situaciones complicadas. Y el baloncesto es una buena herramienta que nos ofrece un montón de oportunidades para poner en práctica que nuestras jugadoras se enfrenten a este tipo de situaciones. Se me ocurre que en finales ajustados no sólo utilicemos a determinadas jugadoras, sino que demos la oportunidad a otras de medir sus capacidades y lo que nosotros le hemos tratado de inculcar en los entrenos en esas situaciones complicadas.

La jugadora siguió dando un paso tras otro, y con la ayuda del entrenador, que se quedó acompañando a la más lenta, consigió llegar a la cima.

El ratito en la cima fue fantástico. Comimos, disfrutamos de las vistas a 2100 metros, fotos varias. Y preparados para la bajada. Dos horas de bajada, que no es fácil.

Muy buena experiencia. Realmente interesante y didáctica para mi.