martes, 22 de septiembre de 2015

Etiquetar a los jugadores

Es inevitable que en un equipo formado por 12 jugadores haya unos que tengan más habilidades que otros con el balón, o más puntería o sean más fuertes o más rápidos o explosivos. Esto no se debe negar.
 
La cuestión viene cuando el entrenador se encarga de remarcar públicamente con su actitud, comunicación, distribución de tiempos en pista, etc., que hay diferencias en el grupo. Los jugadores no son idiotas, aunque tengan 8 años, y tienen muchas cosas muy claras.
 
Etiquetar a los jugadores es peligroso. Decirle:"tu eres el bueno" conlleva riesgos, quizás no en el presente, pero seguro en el futuro. Y la triste noticia es que el riesgo es para la propia persona. Para su autoestima, para su ego, para su humildad. En definitiva, para el desarrollo de su personalidad.
 
 Para estos jugadores,  su meta es ganar, porque "ellos son muy buenos" y si no lo hacen consideran que el problema es de sus compañeros, pues...."yo soy muy bueno, siempre me lo han dicho".
 
No todos son iguales. Eso está claro. El camino no es diferenciar o diverger, sino integrar, converger, cada uno con sus habilidades. Puedes recalcar que un jugador es muy bueno, pero no en oposición a que el otro es malo. Debes hacer entender al jugador que su talento está para servir a su compañero a que sea mejor, a que crezca el equipo. El todo es mayor que la suma de las partes.
 
La liga es lo suficientemente larga como para equilibrar minutos. Para que algunos partidos que estén en el filo de ganarlo o perderlo puedas poner a "los buenos" para sacarlo adelante. Todo el mundo lo entenderá. Y a veces ganarás ese partido con "los buenos" en pista, y otras lo perderás. Porque la victoria en baloncesto no está bajo tu control ya que existe un rival.
 
¿Cómo trabajar estas situaciones de "egos"?
 
Yo le he pedido a cada jugador que me diga dos cosas que puede aportar al equipo. Esas dos cosas, hay que hacerlas públicas en el grupo. Y ellos tienen que liderar esa área. Cada uno aporta valor al grupo. Ya estamos integrando, y no diferenciando.
 
El entrenador tiene que estar atento a cómo habla a los jugadores, a quien corrige y con qué frecuencia, a los quintetos iniciales, a las rotaciones en los partidos, a como agrupa a los jugadores en los entrenamientos, a mirar a todos los jugadores cuando se dirige al grupo. El entrenador tiene que hablar de liderazgo orientándolo a todos, a cada uno en su área, a generar 12 líderes. Chicos que aprendar a liderar su propia vida.
 
El entrenador tiene que hacer sentir importante a los doce jugadores. Que todos sientan que parte del equipo les pertenece.
 
El entrenador tiene que poner metas colectivas concretas en los partidos. "Tenemos que conseguir que, al menos una vez, el rival agote sus 24 segundos de posesión". Y darles las herramientas, los fundamentos individuales y colectivos para lograrlo. Y el logro es colectivo.
 
Tiene que poner objetivos individuales concretos a los jugadores. Al que se cree que es un superanotador, "tienes que dar tres asistencias en este partido", al tímido, "tienes que conseguir tirar cuatro veces". Y evidentemente, no esperar al partido para marcar los objetivos, es en el entrenamiento, y aunque suene obvio, donde se tienen que entrenar estas cosas.
 
No etiquetemos. Hacemos daño en el desarrollo de los niños. Podemos alabar sus virtudes, las de los doce. Podemos reforzar sus puntos fuertes, pero no en oposición o comparación con nadie, pero sobre todo, podemos utilizar el baloncesto para enseñarles a ser buenas personas.
 
¿Quieres tener 12 jugones? Ponte a trabajar.