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lunes, 15 de enero de 2018

Lo interesante de la segunda fase

Ya hayas ganado todo o perdido todo (me voy a los extremos), la primera fase (octubre-enero) te ha podido servir de mucho, si has sabido utilizarla, más allá de ganar de mucho o perder de mucho. Han sido unos meses para poner ciertos pilares o cimientos en tu equipo, que ahora, en la segunda fase, con equipos más similares al tuyo y una competición más homogénea, vas a poder poner en práctica para un mejor aprendizaje en tus jugadoras.

La oposición que te impone el rival se encuentra cerca de tu umbral de exigencia por arriba o por abajo, lo que va a suponer un reto interesante para tus jugadoras, ya que lo van a ver "posible", y tendrán una mayor motivación por lograrlo. Quizás entres en un grupo donde los equipos son un poco mejor que tú, o donde tú eres un poco mejor que ellos. Contexto y entorno deportivo ideal. Aprovecha esta corriente para tus entrenamientos.

Es ahora un buen momento (aunque siempre lo es) para trabajar la autoexigencia con tus jugadoras. Oriéntalas a que sean ellas mismas las que se exijan, más allá de tenerte a ti detrás pidiendo concentración e intensidad. La competición tiene que ayudarte en este sentido en cada entreno.

Los equipos que han ganado, ahora pueden encontrarse con la derrota, y los que han perdido sistemáticamente, tienen la oportunidad de disfrutar de la sensación de victoria. Ambos, posibilidad de victoria y derrota son alicientes útiles en el proceso de aprendizaje de las jugadoras.




sábado, 11 de noviembre de 2017

Los highlights, el proceso de aprendizaje y el "feedback"

Los highligths reflejan los mejores momentos de un partido. Ni los fallos ni las equivocaciones se ven. ¿Es malo? Por supuesto que no. Tanto lo que haces bien como lo que no, forma parte del proceso de aprendizaje. 

Decía Jose Luis Alderete que "Debemos pensar si el fallo es la antesala del “highlight” y en caso de no fallar, igual no existiría ni riesgo, ni velocidad". Lo que refleja en pocas palabras parte del proceso de aprendizaje. Dos palabras interesantes en nuestro deporte, velocidad y riesgo. 

  • Velocidad: Cuando ya sabes hacer algo tienes que aprender a hacerlo más deprisa y con igual o mayor efectividad. 
  • Riesgo: Atreverte a hacer en la pista lo que ya sabes hacer en los entrenos, o incluso lo que todavía "no te sale". Palabra relacionada con creatividad. 

Los highlights son divertidos de ver, aunque lo malo sería que aquellos que enseñan o aprenden no fueran conscientes, por un lado de lo que no se ve en ellos (los fallos), y por otro del proceso que lleva hasta los highlights. El fallo  debe formar parte del aprendizaje y es muy necesario para la formación del deportista. Te da una referencia de dónde estás y el camino que te queda para llegar donde te propones. 

La información que el entrenador proporciona a los jugadores es una de las herramientas para mejorar a través del fallo. Lo que algunos llaman "feedback". 

Dar el feedback tiene su intríngulis: cómo, cuándo, qué, a quien, etc. Como entrenadores debemos tener claro qué perseguimos en nuestro ejercicio, entrenamiento o partido.  

Proporcionar la información correcta al deportista en un partido ya no es tan fácil. Tú tienes tu plan de partido y puedes dar "feedback" a partir de él, pero el rival tiene también el suyo, que debería ir en oposición al tuyo. La capacidad de observación del entrenador en el partido es muy importante a la hora de proporcionar información al jugador en función de lo que está pasando y lo que pretendemos conseguir. 

La acumulación de partidos y el auto análisis del entrenador sobre su actuación es una herramienta muy adecuada para la mejora de la generación de información al jugador. 

Es bueno que entrenadores y jugadores sepan que hasta llegar a las  imagenes de los highlights hay un camino que recorrer y ser conscientes, no solo de lo que aparece, sino también de lo que no aparece. Y lo que no aparece, bien trabajado por el entrenador te puede llevar, en ocasiones, a poder aparecer en los highlights del partido. 

Dicho esto, aquí os dejo otro tipo de "highlights" de la temporada pasada en la NBA.


martes, 16 de mayo de 2017

El análisis al finalizar la temporada. El crecimiento del entrenador.

Al empezar la temporada definiste una serie de objetivos en distintas áreas. Conocías el punto de partida, y querías llegar a otro. No era un único camino recorrer, sino varios, y ¿qué tipo de caminos (áreas) tenías? Se me ocurren los siguientes:
  • De mejora como entrenador.
  • De crecimiento individual técnico del jugador. 
  • De mejora de juego colectivo. 
  • De mejora como equipo. 
  • Competitivos. Alcanzar un resultado determinado. 
  • De crecimiento personal de la jugadora. 
También pudiste considerar otros, tales como:
  • Metodología empleada. Tipos de ejercicios, comunicación, correcciones, etc.
  • Gestión de la planificación. 
  • Gestión de los partidos. Planificación, ejecución, etc.
En cada área, o camino metafóricamente hablando, para alcanzar ese punto donde querías llegar (objetivos), has ido planteado determinadas acciones, actividades, ejercicios, etc. a lo largo de la temporada. Quizás también definiste unos principios (pilares, cimientos) en los que basarte. 

Ahora, que está terminando la temporada, es un buen momento de valorar si has alcanzado los objetivos, si los objetivos estaban bien definidos,, si las herramientas utilizadas fueron las adecuadas, si utilizaste otras, si los principios se plasmaron en la vida del equipo, etc. No importa tanto que lo hayas conseguido o no, sino reflexionar sobre las actividades realizadas y si han sido útiles para la consecución de los retos que te propusiste. Tiempo de pensar. Tampoco importa tanto que no tuvieras objetivos de inicio, puedes valorar la experiencia igualmente. 

Valorar por qué lo has conseguido o por qué no, qué piedras del camino te lo han impedido o te han impulsado. 

Ahí es donde reside el verdadero aprendizaje. La experiencia reflexiva. Entender lo que ha pasado durante la temporada en cada una de las áreas que planteaste, reflexionar y transformarlo en propuestas de cara a la siguiente temporada. 

De este modo, serás mejor entrenador, mejorarás a tus jugadores y tus equipos serán mejores equipos. 


Recuerda, da igual que hayas ganado mucho o perdido mucho. La clave es la experiencia reflexiva y tranformarla en propuestas ejecutables de cara a la próxima temporada. 

viernes, 21 de abril de 2017

Los argumentos y las excusas

Los argumentos y las excusas.

Más de un entrenador se pregunta qué puede hacer él para combatir las ausencias de sus jugadores adolescentes a los entrenamientos. 

Y al platear la cuestión en foros de entrenadores, aparece por el medio de la conversación la idea de “castigo en partido” y se cuela un “no todo es culpa del entrenador” o “la sociedad ya no es como era antes”. 

Pero ese entrenador sigue buscando respuestas, más allá de las anteriores. Respuestas que le tranquilicen, le convezcan, le den la seguridad de que él ha hecho todo lo que estaba en su mano para revertir una situación de ausencias. 

Es evidente que el castigo en partido es una opción. También es evidente que no todo es culpa del entrenador y que la sociedad actual no es como la de hace veinte años. Todo es cierto. Pero quedarse en estas respuestas denotan inmovilismo y cierta falta de creatividad. Quizá algo de cobardía. Poca autocrítica. 

El otro día, de mis diez jugadoras, vinieron a entrenar cuatro. Tres escribieron por el grupo notificando su ausencia y el motivo por el que no asistirían. Otras tres que también faltarían pero sin ningún motivo detrás.

¿Resultado? Un 40% del equipo presente en pista. Una hora y cuarto en pista entera con cuatro jugadoras. ¿Mi decisión?:


1. Centrarme en las jugadoras presentes. Salió un entreno divertido y serio. 
2. Pensar en por qué algunas justifican sus ausencias y otras no . Escribí este tweet:
“Faltan a entrenar y explican el motivo, argumento. Si no, es una excusa. A partir de ahí, centrarse en las que están, no en las ausencias
3. Hablar con las tres jugadoras en el siguiente entrenamiento. 

Y llegó el siguiente entrenamiento. La conversación con ellas, de manera individual, no debería servir para recriminar su actitud. Ya saben que había entreno y que no fueron y no explicaron el motivo. La conversación  debería servir para dos propósitos, el primero, utilizar esta situación para ayudarlas en su crecimiento a la vida adulta, y por otro lado, tratar de corregir esta situación y fomentar su asistencia a los entrenos, ya que como entrenador, parte de mi misión es enganchar a las chicas. 

La conversación con cada una empezó leyendo el tweet y preguntándoles si lo entendían. Risas flojas, miradas y enseguida un argumento en la boca. 

"No quiero argumentos, no me interesan. La conversación no es para que me argumentes tu ausencia porque no lo hiciste anteriormente. La cuestión no es esa. Lo fundamental es que tu has adquirido un compromiso contigo, conmigo y con el equipo y si hay algo más importante que el entrenamiento, no soy yo, el entrenador, quien debe juzgarlo, sino tú. Y debes ser valiente para explicarlo. Eso se llama madurez. Callarse, es una evidente señal de que no quieres contar algo o no estás convencida de tu conducta. Y esto te va a pasar en el baloncesto y en otras situaciones personales. Cuando decidas algo, tienes que tener argumentos detrás que expliquen tus decisiones, tu comportamiento, tu actitud. Eso es honestidad, ir de cara por la vida, tener la satisfacción de no ocultarte ante nada ni nadie. Se trata de ser coherente, que no es tarea fácil."


Esta es la utilidad de la situación. Ayudas a la jugadora a crecer y la orientas a que quiera venir a entrenar.


En ocasiones, el argumento recurrente es el del estudio, que puede ser cierto o no. Pero lo evidente es que algo falla. Probablemente no sea la organización del tiempo, ni su carga académica. Probablemente sea que no le interesa lo que pasa en la pista en cada entreno. Puede ser responsabilidad mía o que los motivos que le traían a la pista cada día se hayan desvanecido. 

Lo expuesto hasta ahora es una posible solución a una situación concreta. Desde el inicio de la temporada debes trabajar para poner los cimientos que eviten posibles ausencias, especialmente en periodos post vacacionales, donde aquellos jugadores que dudan, se dejan arrastrar por otras ofertas para llenar su tiempo.


Por eso es importante preguntar y conocer los motivos por los que tus jugadoras vienen a entrenar. Por eso tienes que adaptar tus expectativas a ellas. Porque quizás el objetivo que ella busca no es el tuyo. Y claro, tienes otras tantas jugadoras. Y piensas que no es posible que tú te tengas que adaptar a doce objetivos, que sería más fácil que se adapten ellas a ti.

Pero si preguntas, los objetivos se reducen, generalmente, a los siguientes:

  • Diversión. 
  • Sentimiento de equipo. 
  • Mejorar técnicamente. 


A partir de ahí tienes que trabajar en dinámicas que favorecan el sentimiento de grupo, hacer entrenamientos divertidos y proponer objetivos técnicos individuales que hagan percibir a la jugadora que está mejorando (por ejemplo, en cada entrenamiento no puedes perder más de dos pases, o tienes que pasarte el balón entre las piernas y atacar directo dos veces, etc.).  Me refiero a realizar actividades para que ellas alcancen sus objetivos, sean los que sean. Si además esas actividades te guían hacia tus objetivos técnico - tácticos, significará que estás trabajando en el camino correcto donde todo confluye.



lunes, 6 de marzo de 2017

Yo quiero ganar

Competir, ganar, formar, salir a divertirse, salir a ganar, etc. El eterno debate. ¿Son conceptos opuestos? ¿Se complementan?

Aquí explico nuestro punto de vista y nuestra manera de afrontar el factor competitivo de un equipo de baloncesto de cantera. 

Desde aprendebaloncesto diferenciamos entre la satisfacción y la alegría y sus opuestos,  insatisfacción y tristeza o pena. 

En primer lugar buscamos estar satisfechos y si es posible combinarlo con terminar alegres, es decir, superando al rival y ganando el partido. 


Primer objetivo: Estar satisfechos. Para conseguirlo, nos apoyamos en las siguientes ideas:

Primera idea: en los partidos tenemos un plan del partido. Ese plan se alimenta de lo que entrenamos. Lo que entrenamos se alimenta de lo que planificamos. Y lo que planificamos se alimenta de unos objetivos individuales y colectivos, técnicos y tácticos, conductuales y motivacionales, competitivos y de entrenamiento, que se mantienen, fluctuan, cambian o modifican en función de las características de nuestras jugadoras y la consecución o no de los objetivos. 


El origen del plan del partido


Los objetivos definidos dicen únicamente quienes sómos o quienes queremos ser. Poco más. Es sólamente en el proceso de definición donde los objetivos adquieren protagonismo, después, quedan relegados a un segundo plano. 

Para alcanzar los objetivos pretendidos, entrenamos a través de conceptos. Y con los conceptos asimilados, trabajamos los detalles. 

Segunda idea: donde bajamos al terreno de lo tangible, de las cosas que podemos ver. De aquello que está bajo el control de la jugadora, en definitiva, hablamos de “hacer cosas”. Un ejemplo de lo “tocable” sería, tener pies activos en defensa, como ejemplo de un detalle y su concepto asociado, “nuestra defensa ataca”. Ambos aspectos pueden ser tocados-entendidos por las jugadoras y están bajo su control. 

Otros ejemplos podrían ser el chocarse las manos, el animar desde el banquillo, el gestionar la frustración, el correr hacia delante, el fijarse dónde me coloco para empezar un ataque posicional, cargar el rebote de ataque, etc. 

A partir de ahí, exigimos a las jugadoras centrarse en los detalles. Centrarse en algo es prestar atención de manera prolongada. Ya tenemos lo que está bajo el control de la jugadora, y se lo podemos exigir y corregir en función del plan establecido. 

Poner en práctica los conceptos ofensivos, defensivos, conductuales, etc.,  con su multitud de detalles, que con paciencia, tratamos de convertirlos en acciones incoscientes de las jugadoras en cada entrenamiento y en cada partido, es nuestro verdadero objetivo, donde ponemos toda nuestra atención como entrenadores. 

Tercera idea: Entran a jugar los partidos, entra otro factor a tener en cuenta para la idea de competir o ganar, etc., que es el rival. Y el rival juega en oposición a nosotros. Su objetivo es dificultar nuestras posibilidades de meter canasta y que sea fácil para ellos anotar. Pero la realidad es, que para lo que nos importa, el rival juega a nuestro favor, pues nos permite trabajar todo lo anteriormente explicado en unos contextos diferentes al entrenamiento, dándonos opción a avanzar hacia la última fase del aprendizaje, la ejecución inconsciente y eficiente durante el partido. 
El rival usa sus “armas” para tratar de vencer. Y este factor es clave. Eso, no está bajo tu control, ni sus “armas” ni cómo las utiliza. Lo que está bajo el control de las jugadoras es la ejecución de los detalles integrados en la toma de decisiones y la interacción entre compañeras. Lo que está bajo el control del entrenador es el tratar de entender las armas del rival e intentar anularlas utilizando las tuyas. 

Decíamos al principio que para ganar un partido, en primer lugar buscamos estar satisfechas. Satisfechas con hacer lo que tenemos que hacer, seguir un plan de partido y centrarnos en lo que está bajo nuestro control, los conceptos y detalles. Lo trabajado durante los entrenamientos. Si conseguimos eso, terminaremos satisfechas el partido. 

Segundo objetivo: Estar contentas. Para salir alegres del partido queremos ganar el partido. 

Tenemos un plan, detalles, conceptos, planificaciones, etc., y un rival con el que jugar. 

¿Y para ganar? Pues ahí descargamos la responsabilidad total en el entrenador. Tiene que ser capaz de leer el partido para maximizar nuestras virtudes y adelantarse a las posibles situaciones en las que el rival nos pueda hacer más daño, pero siempre desde las herramientas disponibles, lo entrenado según su planificación y objetivos y sus las jugadoras, pero no tres o cuatro, sino TODO el equipo. La posibilidad de ir a por el partido es una responsabilidad de todas las jugadoras, porque todas tienen talento. De ese modo, todas jugarán los minutos suficientes para sentirse participes de esa posibilidad. TODAS construyen la posibilidad de ganar el partido.  ¿Ganarlo? Es cuestión del mayor número de jugadoras posibles que estén plenamente enchufadas. ¿Lo ideal? Las doce. 

Incidir en la idea de que cuando nuestros equipos salen a la pista, el objetivo es competir, tener la posibilidad de llegar a la fase final del partido con opciones de vencer al rival. Y si llegamos a esa situación (final del tercer cuarto, más o menos), tratar de ganar el partido. Si hemos seguido nuestro plan y ganas, estarás, además de satisfecha, contenta, alegre. Si pierdes, estarás satisfecha, pero triste, fastidiada. Esto es deporte, recuerda, nadie gana siempre. 

La cuestión es si empezamos a centrarnos en cosas que no están bajo tu control. El árbitro, las pérdidas de atención porque no me salen las cosas, las carencias de mis jugadoras, los enfados por fallarlas, el rival que mete más canastas que tú, etc. Y comienza la insatisfacción con uno mismo. Te sientes incómoda, aparecen los fantasmas, la frustración, afloran los egos y mirar a las compañeras, entrenadores eludiéndo responsabilidades, etc.

Resumen final:

Así que primero trabajemos en buscar la satisfacción, pues sin ella, hay muchas posibilidades de perder el partido, y después, vayamos a por la alegría.  

La victoria nos genera una alegría temporal, finita en el tiempo, que se desvanece poco a poco. La satisfacción construye caractéres, genera autoestisma, fomenta la autoconfianza, crea vínculos entre las jugadoras, fortalece al equipo. 

Lo que realmente queda, y genera poso, es la satisfacción, el hacer lo que te propones, todo lo bien que puedas en ese partido en concreto, o en esa competición. 

¿Esta idea es no querer ganar? Rotundamente NO. ¿Esta idea es que me centro más en la formación y me olvido de la victoria o la derrota? Rotundamente NO. Yo quiero ganar, pero estando satisfecho. Y estando satisfechas, TODAS las jugadoras. 

Quiero ganar construyendo jugadoras, no perdiendo jugadoras en el camino. 

Quiero ganar ayudando a construir personas, como la mayoría de todos los entrenadores que conozco. 


Por último, la evaluación. Si nos hemos centrado en lo explicado anteriormente, evaluaremos aquello que nos importa y está bajo nuestro control, lo que significa que la evaluación de mi faceta de entrenador no se hará en función de si gano o pierdo, sino en función de si alcanzan los objetivos particulares establecidos para cada jugador y para el equipo. Se evalúa lo merecido, no lo conseguido. Hay que ser coherente. Si te importa el proceso, evalúa en función de lo trabajado en el proceso, no en función de si has ganado o perdido más o menos partidos.

¿Quiero ganar? SI. Ya sabes cuál es nuestro camino. 




miércoles, 1 de marzo de 2017

Las ausencias en los entrenamientos. ¿es realmente un problema?



El otro día, de nuevo un interesante debate entre entrenadores a raíz de un artículo que se publicó en internet, https://walkoflifeweb.wordpress.com/2017/02/14/hoy-no-puedo-ir-a-entrenar/ donde exponía una serie de razones que determinados jugadores/padres argumentan para justificar su ausencia en los entrenamientos y la extrapolación de esta conducta a la sociedad actual. También se podría extender el debate, ya que las razones argumentadas son similares, a la negación de los jugadores de entrenar con equipos superiores.
 
Estoy de acuerdo con todo lo que se expone, las razones argumentadas, pero no muy de acuerdo en las conclusiones finales, referidas a la sociedad actual, cuando fijo la mirada en la "micro sociedad" que rodea al mundo del baloncesto de cantera, o en especial, al baloncesto de cantera de mi club (que considero que no es muy diferente a cualquier otro), a sus jugadores, entrenadores o directiva, que se afanan en la búsqueda de valores y trabajan con un alto compromiso.
 
Me pregunté cuántas jugadoras se ausentan, y si esas ausencias son el reflejo del club a nivel de valores y compromiso, o si por el contrario el reflejo del club son aquellos que si van a entrenar.
Y aproveché la tarde para ver cuántos equipos de mi club entrenaban (desde benjamín a Sub21), y cuántas ausencias se producían. Aquí los resultados y mis conclusiones a raíz de los resultados.

Datos
Número de equipos que entrenaron: 17
Número de jugadores totales de los 17 equipos: 204
Ausencias totales: 36
Equipos con 0 o 1 ausencia: 10
Equipos con 2 o 3 ausencias: 4
Equipos con más de tres ausencias: 3
Media de ausencia: 2 jugadores por equipo.
Estos son los datos cuantitativos de un día cualquiera, que hemos elegido como muestreo. Volveremos a repetirlos en otra fecha y día diferente.


Análisis
 
Hay tres equipos, categoría junior, que acaparan el mayor volumen de ausencias, 6, 7, 7 faltas. Esto significa que si elimináramos a estos equipos, la media de ausencia se iría a 0-1 por equipo, lo que me indica que la mayoría de los equipos no tienen problemas de ausencias.
Con los datos, primeras ideas:
- El 70% de los equipos no tienen problemas de ausencias, si consideramos 0-1, como no problemático.
- Y después hay un 15% de equipos que tienen ciertos problemas de ausencias, aquellos con 2-3 faltas, y otro 15% con problemas serios.


Conclusiones
 
Considero que las conclusiones generales relativas a la conducta se obtienen de la forma de comportarse de un número de personas que representan un porcentaje pequeño de la población de estudio.
Para evitar esas conductas, que son minoría, aplicamos normas o conclusiones generales a la gran mayoría, que nada tienen que ver con ese tipo de conductas.
 
Me explico, por si no queda claro. En el caso del artículo al que me refiero al inicio, y cotejándolo con los porcentajes obtenidos de este pequeño estudio estadístico, la conclusión sacada es que los 36 jugadores que sí que muestran falta de compromiso y valores manifestada a través de su ausencia al entrenamiento (siempre que la ausencia al entrenamiento represente esta conducta) representan al colectivo. ¿No sería al revés? Que los que son mayoría, los 168 jugadores que asistieron al entrenamiento son la representación del compromiso y valores.
 
Entonces, si quiero sacar una conducta general, ¿en quién me apoyo? ¿En los 36 que no van, un 17,6% de la población de estudio o en los 168 que asisten, que representan un 82,4%?
 
Debemos tener cuidado a la hora de establecer normas o sacar conclusiones generales, porque en ocasiones, nos fijamos en conductas reprobables que hacen unos pocos y para corregirlas establecemos normas que afectan al global de nuestra organización. ¿No sería más eficiente que, si la gran mayoría se comporta correctamente y un porcentaje pequeño no lo hace, atajar esos problemas no con normas generales sino con intervenciones particulares sobre las normas generales que la mayoría cumple?
 
Tenemos que ser algo más optimistas con el género humano. ¿Qué los argumentos expuestos en el artículo son reales y no beneficiosos para la sociedad? Completamente de acuerdo, pero hay una gran mayoría que sí utiliza el baloncesto como medio y herramienta para crecer y educarse a través de los valores que existen en el deporte y fomentan muchos entrenadores, más allá de la victoria o la derrota.
 
Sé que es un argumento optimista dirán algunos. Yo creo que soy realista. Solo que, por cuestiones antropológicas que no vienen al caso, tenemos la tendencia a ver lo negativo y al tremendismo.
 
Diría que en el mundo, en un día cualquiera, pasan más cosas buenas que malas, aunque apenas salen en los diarios. Y no me toméis por un idealista o ciego ante las atrocidades que pasan día a día. Simplemente creo en las personas y su capacidad de hacer el bien en beneficio de las personas que le rodean.


Por cierto, si el número de ausencias es habitual y elevado, vete pensando que el problema es del entrenador y no de los jugadores. Algo tienes que hacer.
 






lunes, 20 de febrero de 2017

El partido como proceso del aprendizaje, del jugador y del entrenador. Medio, no fin.

Pues hace poco me han dado una pequeña paliza. 31-57. Y nuestras expectativas eran de victoria. Palo, baño. Frustración.

Resulta que el rival dispuso una zona press todo el campo 1-2-1-1 de la que no supimos salir. Cuando digo "no supimos", me refiero a mi como entrenador y a las jugadoras, pues si el balón no sale, el entrenador tiene su cuota de responsabilidad.
Tiempos muertos aportando soluciones, conversaciones entre jugadoras, conversaciones con el banquillo. Nada de nada. 50 balones perdidos a lo largo de los cuarenta minutos (lo que significa 100 potenciales puntos).

Las derrotas de este tipo te dejan un sabor amargo aunque tus creencias sean de que el partido es un paso más en el proceso de aprendizaje. La cuestión no es tanto cuánto tiempo te dura el amargor de la experiencia  sino cuánto vas a querer aprender de ella.

Es irremediable, por nuestra forma de ser, que reflexionemos más en la derrota que en la victoria (yo mismo lo estoy haciendo ahora, ¿hubiera escrito este artículo si hubiera ganado de 25?...probablemente no).  Centrarse en la causa raíz de la derrota y compararla con nuestra planificación y lo que estamos haciendo es una buena manera de afrontar la reflexión del partido.
La planificación debe ir acorde al nivel de las jugadoras, técnico, táctico, madurativo, de cohesión de equipo, etc., y quizás no esté dentro de la planificación de este año la solución para vencer al rival con las dificultades que te plasman en la pista (en este caso, una press 1-2-1-1) o quizás si. Es el primer paso a reflexionar.

El baloncesto consiste en conexionar tomas de decisiones individuales. Las decisiones se toman en función de lo que el rival hace, y lo que mis otras cuatro compañeras hacen. Parte de nuestra labor como entrenador es dotar de armonía y fluidez a esas conexiones de tomas de decisiones.

En el caso concreto de mi partido, tuvimos un problema a la hora de salir de una presión zonal todo campo. Ahora tengo que ver por qué determinadas jugadoras no pasaron el balón correctamente o no se situaron en el sitio adecuado para generar una línea de pase. Y ojo, que aquí podemos estar hablando de muchos aspectos, no sólo técnicos tácticos, desde miedos, de faltas de concentración, de frustración porque el resultado parcial no me gusta.....y resulta que tú te dedicas sólo a trabajar la salida de presión desde la técnica o táctica. De este modo, es importante tener "visión periférica" como entrenador para saber encontrar la causa raíz del problema.

Así que, de momento, dos cosas preguntas a realizarme como entrenador tras ver que mi equipo no es capaz de algo en un partido (ya sea victoria o derrota el signo del resultado final del partido):

- ¿Está contemplada la solución en mi planificación?
- ¿Cómo se ha gestión la conexión de las tomas de decisiones individuales?

Revisando mi planificación, me he dado cuenta que la visión es para mi un fundamento a trabajar y que llevaba cerca de un mes sin prestarle atención. Y que estoy trabajando el pase. Pero la planificación no solo es para ver lo que trabajas sino la profundidad con la que lo trabajas. ¿Estoy entrenando adecuadamente el pase en cantidad, conceptos o detalles técnicos?
Y pensando en las causas raíz, planeé charlas individuales, después de hacerlo colectivamente. Y de ellas han salido varias causas por las que no nos pasamos bien el balón, del tipo: miedo al fallo, pánico al protagonismo, sensación de ridículo, faltas de atención, banquillo desconectado, etc., aspectos que llevan a que no seamos capaces de conectarnos unas con otras en el juego.

A partir de aquí, y tras la reflexión, asumo mi parte de culpa en la imposibilidad de que mis jugadoras sacaran el balón con cierto éxito en la presión zonal que nos pusieron.

Soluciones:
1. Mayor volumen de trabajo en el fundamento de la visión (cuando se tiene el balón y sobre todo, cuando no se tiene).
2. Continuar con los conceptos y detalles del fundamento del pase.
3. Trabajar sobre los distintos aspectos personales de las jugadoras.
4. Trabajo de la interconexión de las tomas de decisiones individuales.

Y estas soluciones me llevan a modificar aspectos de mis entrenamientos, de mis ejercicios y mi planificación.

Pero es importante anotar que todo lo que estoy modificando no es con el objetivo de salir de la presión zonal que me puedan poner, sino ha ido enfocada a mi manera y forma de trabajar sobre el fundamento. Corregir determinados aspectos que harán mejor pasadora a la jugadora, de manera individual, y a conectarnos a través del pase, como equipo. Y que tendrán como consecuencia que saldremos mejor de una presión zonal o atacaremos con más eficiencia una zona, o correremos mejor el contraataque o cualquier situación del juego en el que intervenga el pase (que son unas cuantas). Responderemos mejor ante las "trampas" del rival.

Luego el partido es una herramienta en el proceso de aprendizaje, no solo del jugador, sino también del entrenador. Utilízalo como medio, no como fin.

lunes, 5 de diciembre de 2016

El grito en el entrenamiento y el partido

Este artículo viene a consecuencia de una serie de tweets referidos al grito como una herramienta a utilizar por los entrenadores en la gestión de los entrenamientos y partidos. 

La voz tiene una serie de cualidades, que resumidamente son:
  • Timbre. Es la “huella digital de la voz”, no hay dos iguales.  Lo intrínseco de cada voz.
  • Tono. Es el grado de elevación de un sonido correspondiente a la mayor o menor rapidez de las vibraciones de los cuerpos sonoros, en este caso de las cuerdas vocales. El tono de la voz debe variar, subir y bajar como en una escala musical para que la voz no resulte monótona. Nos informa mucho sobre su expresión,sobre  las emociones que le acompaña, sobre  lo que quiere o intenta expresar.
  • Intensidad (o volumen). Hace referencia a la fuerza y el volumen acentual. Lo fuerte o suave de su sonido.
  • Tiempo. Mide el tiempo de duración del sonido y la velocidad que alcanza. Lento, normal, rápido y andante.
El timbre diríamos que es nuestra identidad, lo que nos distingue.

Y a partir de ahí, tendríamos el tono, el volumen y el tiempo, como aspectos bajo nuestro control a modificar.

En temas de comunicación, otro aspecto que considero importante reseñar en un entrenador es el principio de: “se quien eres, no pretendas ser otro”, haciendo referencia a mostrarte tal y cómo eres en todas las circunstancias o situaciones. 

Hemos introducido dos elementos en la ecuación:
  • el primero, la voz y aquello que está bajo mi control en su gestión (tono, volumen y duración). 
  • y en segundo lugar tu personalidad y la veracidad y coherencia de tus acciones frente a tu forma de ser.
  • e incluiría un tercero, pero en el que no vamos a extendernos mucho, el lenguaje corporal o no verbal. 
Podríamos decir que gritar es elevar la voz más de lo acostumbrado. En condiciones habituales, nuestra voz no es elevada. 

Y a partir de estas reflexiones, la pregunta sería, ¿es útil el grito en el desarrollo de un entrenamiento o partido?

Diría, de manera obvia, que si el entorno donde se desarrolla la práctica deportiva es de un volumen elevado (tres equipos entrenando a la vez), probablemente, tengamos que elevar nuestra voz, simplemente por el hecho de que sino, no nos oiran nuestras jugadoras.

El segundo punto que introducíamos era el de la personalidad. Si eres una persona tranquila, no acostumbrada a gritos, muy probablemente no “seas de gritar”. Y esto, en ocasiones, se confunde con falta de intensidad. Si el entrenador grita, el jugador está intenso. Probablemente sea así, aunque lo que tiene que mantener al jugador intenso es su actitud y no el grito de su entrenador. Debe ser algo inherente al propio jugador. La labor del entrenador estará en diseñar una sesión suficientemente atractiva para el jugador, que le suponga un reto en sus habilidades y le mantenga centrado y con un nivel de concentración e intensidad adecuado. Evidentemente, tenemos 12 jugadores con niveles diferentes, lo que me llevaría a preparar entrenamientos individualizados. Pero como esto no es tenis, sino un deporte colectivo, el entrenador tiene que seguir buscando recursos para proporcionar, con un solo ejercicio, retos adecuados para cada uno de sus jugadores. Y dentro de ese ejercicio guiar a los jugadores en sus diferentes retos. O si los unificas, gestionar tu comunicación según el jugador (animar más al que sabes que le cuesta, reforzar positivamente al que le sale, fomentar que se apoyen entre pares, etc.).

¿Y dónde entra aquí el grito? Un grito concreto puede ser una llamada de atención puntual, para poner de nuevo en el camino a la jugadora. Estaríamos jugando con el volumen de nuestra voz. Hasta aquí, de acuerdo. Donde ya no lo estoy, es que esta subida de volumen vaya acompañada de un tono inadecuado (tono=expresión de las emociones), en el que se manifiesta la frustración del entrenador porque no se han logrado alcanzar las expectativas que el propio entrenador tenía puestas en ese ejercicio, jugador o situación de partido. Y que sea un recurso habitual. Aquí tampoco estoy de acuerdo. 

Y es en el tono y en el tiempo donde creo que tenemos que hacer más hincapié, en detrimento del volumen, ya que ambos, tono y tiempo, tienen más impacto en los jugadores. Un tono seco y cortante, por ejemplo. Si le sumas una cadencia lenta en el hablar, o determinadas pausas, probablemente captes mayor atención de las jugadoras que con una simple elevación del volumen. 

Y no digo que no se juegue con el volumen, pero no siempre hacia arriba. También hacia abajo. Bajar el volumen es otro recurso. Y muy útil. 

De este modo, y resumiendo, desde mi punto de vista y mi forma de ser, no soy muy participe de captar la atención de la jugadora o fomentar su intensidad o actitud a través de elevar la voz más de lo acostumbrado (lo que viene siendo gritar), sino mediante el juego de los recursos disponibles, tono, duración y volumen (hacia abajo y no hacia arriba). 

Y reseñar por último el tercer aspecto importante en la ecuación, que sería mi lenguaje corporal. Este debe acompañar y complementar al verbal. Como las vías de un tren que van en paralelo a alcanzar un destino común. Pero eso da para otro artículo. 


Así que entrenador, piensa como eres, juega con las características de la voz, diseña ejercicios que sean un reto, trabaja tu lenguaje no verbal, y probablemente, haya muy pocas ocasiones en las que tengas que elevar tu voz para transmitir un mensaje, ya que por otro lado, recuerda que el baloncesto les gusta mucho a todas tus jugadoras, y si algo no sale o se aburren, piensa que probablemente tú tengas mucha de responsabilidad en ello. Y el grito, no lo solucionará.  

jueves, 15 de septiembre de 2016

Gestión de la cantera de un club. Relación entrenador - director técnico

Este artículo hablará de planificación, de conversar, de gestionar relaciones dentro de un club de baloncesto, desde la perspectiva del Director Técnico, Coordinador de Cantera, Director Deportivo o como queráis llamarlo y la del entrenador. 

Nuestra idea consiste en planificar hacia adelante, basándonos en el diálogo y el ajuste(flexibilidad). En otras ocasiones hemos planteado una planificación global, donde se reflejaba toda la temporada y en función de cómo avanzara, ir ajustando. Ahora buscamos más unos fundamentos sobre los que descansan la planificación y mirar hacia adelante. Me explico. 

De un lado tenemos al entrenador, y tres son los documentos básicos que necesita para la planificación del equipo o preparación de entrenamientos: los objetivos generales del año, proporcionados por la Dirección Técnica, ideas generales del equipo y estructura de la semana (ambos producidos por el entrenador).

Por otro lado, tenemos a la Dirección Deportiva o Técnica, ¿cómo coordinar o supervisar a al entrenador? ¿cómo controlarlos? (quedaros con estos tres verbos, luego hablaremos de ellos).

De este modo, tenemos una misma situación, la gestión organizativa del equipo, desde dos puntos de vista diferentes, la del entrenador y la del director técnico.

Las relaciones personales se basan fundamentalmente en una idea: LA CONFIANZA. Y el entrenador y el coordinador tienen una relación. Así que, entre otras cosas, se tendrá que desarrollar la confianza. Y la confianza se incrementa a través del conocimiento de la persona, no del entrenador. Ya que, detrás de cada entrenador (y cualquier profesión), aunque algunos no lo crean, hay una persona. Y en esta tarea, el coordinador tiene que ser proactivo. 

Veamos ambas perspectivas desde el prisma del director técnico y desde el entrenador. Atentos porque iremos cambiando de uno a otro. 

El director técnico tiene que proporcionar los objetivos del equipo. Hay que tener en cuenta que nuestro rumbo apunta al aprendizaje del jugador. Por poneros un ejemplo, en la imagen tenéis los objetivos técnico - tácticos de un equipo cadete-junior.



Siguiente paso. Solicitar al entrenador una tabla donde se reflejen sus ideas de cara al equipo. ¿Qué áreas debería contemplar?

- Fundamentos individuales de ataque y defensa
- Fundamentos colectivos de ataque y defensa
- Equipo
- Metodología


Como ejemplo de ideas generales de cara al equipo aquí tenéis una referencia:




Y la segunda tabla que habría que solicitar es la de la planificación de una semana genérica, que reflejaría lo siguiente:

- Días
- Horas
- Área a entrenar (fundamentos, ataque, defensa, físico)

Una imagen como referencia:





Con los objetivos, las ideas generales y cómo organizar la semana, tenemos las tres herramientas necesarias para la coordinación entre director técnico y entrenador.

El entrenador, para preparar sus entrenamientos, deberá echar un vistazo a estos tres documentos, con los que le será mucho más fácil determinar qué quiere entrenar. Y a partir de lo que quiere entrenar, definir los ejercicios. 

Es ideal que cada entreno quede registrado, para que pueda observar cómo gestiona su tiempo de cara a alcanzar los objetivos del equipo. 

¿Y cómo interviene el coordinador en la gestión del equipo? Habíamos hablado de unos verbos, "supervisar", "controlar", "coordinar". 

Desde nuestra perspectiva, eliminamos el verbo "controlar", ya que como la RAE dice, implica "fiscalización", "intervención" o "inspección", entre otras definiciones. 


¿Y "supervisar"? Pues tampoco, fijaros lo que dice la RAE, "ejercer la inspección superior en trabajos realizados por otros". No buscamos inspeccionar a nadie para ver si ha hecho o no el trabajo. 

¿Entonces? Desde la coordinación, desde nuestro punto de vista, buscamos el "autocontrol" del entrenador y acompañar al entrenador a lograr sus objetivos.  Y para alcanzar ese autocontrol del entrenador, en la dirección técnica nos hemos querido apoyado en los siguientes principios: 

- Principio de subsidiariedad: Gestión eficaz a través de la unidad más pequeña posible. Gestión independiente de la menor de las unidades eficientes. Es decir, que si el jugador puede solucionar el problema sin la intervención del entrenador, mejor. Y si el entrenador lo resuelve sin el coordinador, mejor. Fomentamos independencia, criterio, toma de decisiones, confianza.  ¿Y si se equivocan? Pues recordad eso de ser un líder: "tus aciertos son tus aciertos y tus errores son mis errores". Aprendemos del error y seguimos el camino. 

- Principio del talento: Como el entrenador con sus jugadores, nosotros, desde la perspectiva del coordinador, creemos que nuestros entrenadores también tienen talento. Y le tenemos que dar ese espacio para desarrollarlo (y lo unimos con el principio anterior). 

- Principio de causalidad: El partido forma parte del proceso, no es el resultado ni el examen de la semana. El efecto es la formación integral de la persona, la causa es, entre otras, el baloncesto. La consecuencia deportiva, la mejora de la persona y de sus capacidades y habilidades deportivas, que puestas al servicio del colectivo (equipo) nos hacen más competitivos, y redunda de nuevo en la mejora individual. Círculo positivo donde el factor tiempo no limita.

Principio del estrés: Dejar que se produzcan ciertos niveles de estrés en los equipos. Espacios a los entrenadores, decidir el momento de la intervención. Aprendizaje constructivo para el entrenador

- Principio de la escucha: Generar entornos de “escuchar para entender”

- Principio de la autenticidad: Los entrenadores tienen que ser genuinos. Tienen que ser ellos mismos. Observar los perfiles de los entrenadores que tenemos y ajustarlos a los equipos adecuados.  

Y os preguntaréis que esto está muy bien, pero cómo lo ponemos en práctica. Pues a través de una herramienta tan sencilla y común como es la CONVERSACIÓN. Establecer con cierta regularidad conversaciones con los entrenadores, para, con los tres documentos encima de la mesa, hablar sobre su equipo, y a partir de ahí, orientar cuando sea necesario. 

Se trata de acompañar, de formar o ser formados a través de la experiencia diaria de un entrenador y su equipo. Y en qué nos formamos:

- En conocimiento. 
- En metodología. 
- En liderazgo. 

Planeamos hacia adelante y con la herramienta de la conversación y el cimiento de la confianza. 

Tened en cuenta que las visiones son diferentes, el entrenador se centra en su equipo y sus objetivos, mientras que el coordinador trata de dotar de coherencia al proceso de aprendizaje del jugador, a través del trabajo de los entrenadores. De este modo, cuando el coordinador se junte a hablar con el entrenador deberá tratar de comprender la posición del entrenador antes de pretender que el entrenador le comprenda a él. 

Por cierto, ¿habéis leído la palabra "partido" en algún momento? Sólo cuando hablábamos de "causalidad". Porque consideramos que el partido forma parte del proceso de aprendizaje y lo utilizamos como tal. Y el resultado es una consecuencia y un dato más del global para ayudar al jugador a ser mejor jugador (y por supuesto, persona). 

Como apunte final, tened en cuenta que hay alguna pieza del puzzle que no hablamos de ella, como por ejemplo, los objetivos que tiene que tener la coordinación técnica, o cómo gestionar las incorporaciones de nuevos jugadores y salidas de otros, los perfiles de los entrenadores, la gestión de las postemporadas, el subir o no jugadores de categorías, etc.